Mientras Hope Portocarrero Debayle inauguraba el Teatro Nacional Rubén Darío, el 6 de diciembre de 1969, nosotros en las gradas de la antigua catedral de Managua poníamos en escena la primera obra del teatro de protesta en el país, relata el periodista e historiador Roberto Sánchez Ramírez.
Así recuerda el historiador que su obra ¡Qué honorable familia! causó revuelo entre la gente porque criticaba a la familia Somoza, el sistema represivo a manos de la Guardia Nacional y de la dictadura de los Somoza.
“Ese día en la catedral mientras se inauguraba el Teatro Nacional, la gente se sintió muy identificada porque era un reflejo, casi un retrato de lo que se
vivía en el país”. Juan Ramón Avilés.
La obra también hacía llamados a unirse a la guerrilla sandinista. Mientras a unas cuadras de la catedral, elegantes señoras de vistosos peinados aplaudían la inauguración de lo que llamaban los jóvenes actores el elefante blanco, que tenía como protagonista principal a la esposa de Anastasio Somoza Debayle.
José Berríos, actor de ¡Qué honorable familia! , menciona que en aquel momento el teatro Rubén Darío era un espacio donde solo tenía cabida la clase pudiente de este país y por eso se protestó, porque queríamos una cultura para el pueblo.
Sánchez Ramírez recuerda que el día que se presentó en la catedral estaban como espectadores los pintores Omar D’León Lacayo y Alberto Ycaza, quienes fueron apresados por la Guardia Nacional al darse cuenta que la obra hablaba contra el régimen de “Tachito” y al ver las mantas y carteles que hacían alusión a una cultura para el pueblo. [/doap_box]
De esos momentos, Juan Ramón Avilés Molida, quien actuó en la obra, agrega que la gente la recibió con mucha simpatía porque era una manera de llevar una expresión cultural y que tenía que ver con la realidad del pueblo y que no se atrevían a decir.
No obstante, el periodista indica que en la obra hay varios personajes y que el diálogo anterior contradice o altera el diálogo siguiente, por ejemplo; hay un momento en que la señora de la casa está hablando con un sacerdote y la señora le dice: Es que padre, usted, y por otro lado, alguien le contesta: Es que usted es un sinvergüenza que solo se interesa por los ricos, diálogos que nada tienen que ver unos con otros, pero que se entienden, asegura.
“Esta obra tocó la conciencia de mucha gente porque hablaba de la dictadura y sobre todo en el momento en que se hizo en momentos muy difíciles, donde uno arriesgaba su vida. Era peligroso”. Evelyn Martínez.
EN EL ESCENARIO
Roberto también describe que en un solo escenario estaban la señora de la casa, el sacerdote, el trabajador del campo, el señorito hermano del personaje principal con una empleada doméstica a la que tiene embarazada, una joven de la alta sociedad a la que también tiene embarazada.
Otros, como el muchacho que tiene una conciencia revolucionaria que se mueve en diferentes mundos, un personaje que está rodeado de guardaespaldas, que interviene para convencer al joven que debe actuar con respeto a la sociedad, hacerle caso a sus padres, no andar metido en huelgas, ni manifestaciones. Fue muy interesante porque este personaje en determinado momento lo llegó a hacer Edwin Castro Sablat, quien era muy parecido a Somoza, también estaban César Aróstegui Centeno, Guillermo Mejía, Evelyn Martínez, María del Pilar Hüper y Marco Antonio Valle.
Sánchez Ramírez finaliza diciendo que la obra era concluyente al hacer un llamado a integrarse a la lucha armada usando símbolos que fácilmente el público podía comprender.
“Fue el despegue del teatro universitario de protesta, caló en la época y fue muy trascendente. Me tocó hacer del padre de la familia, es importante decir que marcó una protesta de este tipo en el teatro”. Guillermo Mejía
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