El único remedio contra los amores
sería matarlos.
Carlos Martínez Rivas
Solo supe de miradas debajo del mar
al entregarme en el verbo
de la boca de un pez plateado
que enerva olas.
Tu voz partió el mar en dos
colmando cavernas transparentes
para cruzar desde el otro lado,
y fue tu boca la que arrancó
el esqueleto de mi cuerpo
lanzándolo fuera del agua
a caer en playa blanca de peces muertos.
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