Muchos pensaron que la secuela de Far Cry sería más de lo mismo, pero se han encontrado con un juego distinto, con sus propios detalles que llenan de diversión y lo hacen una de las mejores sorpresas de la temporada.
Las diferencias entre las dos últimas entregas de esta serie comienzan desde el primer momento, con la propuesta argumental, mucho más trabajada en esta ocasión.
Si el tema central de Far Cry 3 era la locura, ahora lo es el peso de nuestras decisiones. Esto implica que la desarrolladora debe conseguir implicarnos en la historia que se cuenta para que importe elegir un camino u otro.
En esta ocasión encarnamos a una suerte de hijo pródigo, que vuelve al país donde nació con la intención de cumplir la última voluntad de su madre, pero que acaba metido hasta el cuello en una revolución en toda regla.
Las decisiones vienen al tener que elegir entre las dos facciones de la Senda Dorada, el ejército revolucionario, que plantean continuamente situaciones opuestas en las que nos toca elegir, como hijo del antiguo líder de la revuelta.
Las consecuencias de nuestra decisión afectan al desarrollo posterior y convierten en líder del ejército a quien hayamos elegido ayudar, hasta que aparezca otra misión de elección. Esto aumenta la rejugabilidad de Far Cry 4 y además hace que nos metamos más y más en una historia que va tanto de hechos como de personajes.
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