Cuando vivimos fuera de la patria, pese a los múltiples quehaceres diarios, siempre está presente el recuerdo de nuestros seres queridos que a la distancia llenan nuestros pensamientos con la esperanza de un día poder disfrutarlos.
Cuando incrustados en esta realidad, donde se vive de prisa pero con oportunidades, con la ayuda de la tecnología encontramos informaciones ya sea escrita, radial o televisiva, inmediatamente atrae nuestra atención. Pero vieran qué mal se siente cuando las acciones de políticos y diputados de oposición dejan claro su acompañamiento al gobierno de Daniel Ortega o por omisión o por hecho.
Definitivamente, los diputados que se dicen de oposición, en la Asamblea Nacional, no están conscientes de la triste imagen que venden al exterior y que produce pena ajena.
Si vieran qué mal se ven, cuando públicamente y en forma solemne y elocuente tratan de explicar y justificar, porque siguen siendo parte del juego político del sandinismo que da la imagen de un gobierno democrático y pluralista, pues los opositores ocupan sus escaños disciplinadamente y por supuesto, asimismo cobran sus jugosos salarios y otros beneficios.
Si vieran qué mal se ven, cuando sus propuestas de ley son la burla de la bancada sandinista mayoritaria, que con cinismo, ironía y desdén demuestran su supremacía y les dejan las migajas del pastel.
Si vieran qué mal se ven, cuando se les escucha fanfarroneando que tienen poder, porque se han hecho amigos íntimos y serviles del dictador o de alguno de su círculo, lo cual los convierte en intocables.
Si vieran que mal se ven, cuando conscientes que se acercan las elecciones pretenden sentirse preocupados por los más desprotegidos y pregonan con bombos y platillos que son indispensables para repetir otro periodo y seguir percibiendo salarios extraordinarios.
Si vieran lo mal que se ven, desearían meter la cabeza debajo de la tierra para no sentir la mirada del pueblo desaprobando sus actitudes y recriminándoles por ser parte de un gobierno que abruma con imposiciones y que pregona igualdad y justicia inexistentes.
No hemos visto en la Asamblea una oposición seria, coherente, digna y objetiva, que represente a un pueblo agobiado primeramente por tener que aceptar un gobierno impuesto por el fraude y seguidamente con una marcada y descarada corrupción. Lo que vemos son individuos que desquitan su salario haciendo cualquier argumentación en leyes, que son aprobadas por un presidente inconstitucional desde antes de llevarlas a plenario, si es que llegan, sirviendo de bufones de sus adversarios.
La decisión de participar y aceptar curules, en una Asamblea producto del fraude y la violación a la Constitución, a todas luces permite visualizar la codicia y la manipulación de quienes lideran una oposición carente de ideología y rehenes de sus propios errores. Sin embargo pensamos que lucharían por restablecer el Estado de Derecho, con dignidad, con apego a la verdad y en la búsqueda de la justicia social, pero lo que se percibe es una oposición zancudo, miope y de cuello flexible, idónea para que Daniel Ortega se luzca ante el mundo haciendo creer que es un gobierno pluralista. Son la máscara perfecta para esconder su totalitarismo.
Es posible que haya excepciones, pero lamentablemente la imagen proyectada los incluye a todos.
La autora es periodista y escritora nicaragüense.
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