Irving Cordero

La reunificación de Alemania

Recuerdo las matrioskas o muñecas rusas, regordetas como las pinturas de Botero, con la diferencia que estas albergaban a su vez otras y otras en su interior, pero atroz todas huecas en su interior sin ninguna sorpresa.

Estaban en la juguetera del salón de la casa de mis abuelos maternos, clones de la misma madera donde las polillas se alimentaban a su gusto y antojo de su edificación.
En retrospectiva y sin ánimo de criticar la artesanía rusa, este adorno simbolizó en mi infancia por su acosadora presencia en mi hogar en época de la plena guerra fría, un mundo dividido para todos, estas muñecas coloridas se convirtieron en mi niñez como un moderno filme de terror de Anabelle.

¡Nunca comprendí el cautiverio de las matrioskas donde el abuelo!

Paralelamente en aquellos años Caín y Abel se disputaban un mundo bipolar, uniformaban al individuo con el pretexto de un bien común que había reducido al mundo en una guarida de ladrones y prisioneros amorfos, mientras al otro lado se hacían de la vista gorda para defender sus intocables centros de sociedades abiertas sin medir el eminente avance del totalitarismo.

A propósito de cumplirse el pasado 9 de noviembre el veinticinco aniversario de la caída del muro de Berlín y la reunificación de Alemania, me trajo una brisa liberadora de nostalgia aquella famosa canción llamada Vientos de cambios, que arregló el grupo Scorpions en solidaridad con la nación Alemana, mientras coreaban: “El viento hará sonar/la campana de la libertad”.

Cómo no repasar el histórico famoso discurso del presidente Reagan a su homólogo “Mr. Gorbachov, tear down this wall!” (¡Señor Gorbachov, derribe este muro!). Pronunciado el 12 de junio de 1987 dirigiéndose a quien se convertiría en el último líder de la Unión Soviética.

Al final fue la ciudadanía alemana quien tomó al toro por los cuernos, derribando el popularmente conocido como “El Muro de la Vergüenza”, abriendo las puertas hacia la libertad, abriendo las fronteras al mundo en un proceso de paz, que como declaró el visionario economista Bastiat: “Si los bienes no cruzan las fronteras, lo harán los ejércitos”.

Atrás quedaban los amores divididos por un muro celoso, las familias desarticuladas por un grupo de burócratas, los amigos distanciados por un tiempo perdido, un ejército de ocupación manchando una bandera y la sangre de tanto espíritu libre que dejó inscrito con tinta imborrable de sangre la historia de ese muro y su odisea por la liberación.

Esto marcó “uno de los momentos claves de la Historia” que deparó “grandes cambios en el mundo”, por tratarse del símbolo de la Guerra Fría por excelencia y por haber ocurrido de manera pacífica.

Finalizaba un sistema estatista del terror, vacío como las matrioskas y sus polillas, mientras se inauguraba el libre mercado basado en el Estado de Derecho, la libertad de comercio, el derecho a disfrutar del fruto del trabajo sin temor a confiscaciones de aquellos que ostentaban el poder político como una forma de enriquecimiento sin producción.

Las lecciones aprendidas de la caída del muro de Berlín, debemos aprehenderlas y defenderlas estando atento a las nuevas amenazas liberticidas, más allá de sectarismos ideológicos, como bien explica la profesora McCloskey: “Explicar el mundo moderno, así sea materialismo histórico de izquierda o economía de derecha, es un error. La clave está en las ideas de dignidad y libertad humana”.

Aún escucho los martillazos históricos derribando la opresión, el totalitarismo, y la corruptela burocrática, abriendo los calabozos disfrazados de ciudades, aún escucho la canción de una Alemania abrazada.

Mientras los ciudadanos alemanes celebraban en la noche vieja de 1989/1990, al ritmo de David Hasselhoff, actor de la famosa serie el “Auto Fantástico”, su canción Looking for Freedom frente a un tramo del muro, sosteniendo entre sus manos trocitos de libertad para todos, porque ahora “está en nuestras manos hacer el mundo de nuevo” (Paine).

El autor es escritor y abogado

Opinión Alemania Reunificación archivo

COMENTARIOS

  1. mac
    Hace 12 años

    La caida del muro de Berlin algo para nunca olvidar, aunque si bien es cierto la politica internacional jugo un papel importante el pueblo de la Alemania Oriental fue vital. Nosotros debido al ocultismo y maipulacion de los comunistas ignorabamos que internamente el pueblo se resistia al cautiverio y retaba al gobierno con manifestaciones y otros actos prolibertarios como los intentos de cruzar el muro. Ademas de las canciones mencionadas por el autor debemos citar el origen Libre de Nino Bravo

  2. ULISES MORALES BARQUERO
    Hace 12 años

    Excelente artículo, que además de inspirar a la reflexión, es una contribución maravillosa de los nuevos escritores nicaraguenses, como Irwing Cordero, para quienes gustan de adentrarse en la historia verdadera de los pueblos, amantes de convincentes ideales libertarios.

  3. Cony
    Hace 12 años

    Excelente, de reflexión!

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