Muchas veces las personas sienten que su vida se ha estancado, y que por más que intentan salir no avanzan.
Que las metas no se cumplen, por ejemplo, que no ha comprado ese carro que desea, o bien que no ha terminado esas relaciones tóxicas o simplemente no ha hecho algo por su sobrepeso, en fin las personas se estancan por situaciones que no quieren tener.
El detalle está en que no sabe cómo salir de ellas, o en el caso que lo intente, regresa otra vez a vivir los mismos patrones anteriores.
Pregúntese por qué se le hace tan difícil dejar atrás esto. En psicología esto se llama zona de confort, que no comprende ese territorio interno suyo que conoce bien y en el cual ha estado hasta ahora en su vida.
En esta zona se siente seguro y aunque a veces es incómodo, es su zona de “confort”, el que consiste en que la conoce, la domina y la tiene bajo cierto control.
Eso le da una especie de confianza y estabilidad. No hay novedades, ni retos.
En su territorio se siente cobijado y se convierte en un lugar de protección, aunque a veces no sea agradable.
Salir de la zona de confort lleva tres etapas: la primera es aceptar que quiere mejorar algo; la segunda es la zona de aprendizaje donde realiza cosas nuevas, por ejemplo cuando empieza a estudiar un curso de idiomas o decide inscribirse en un gimnasio, luego de esto es posible que entre a la zona de pánico o zona mágica.
Esta zona consiste en que todo lo que ha venido haciendo se va transformando en parte de su vida diaria.
Es decir, pasa a ser parte de una nueva zona de confort más grande y agradable en la que se siente más cómodo.
Todo este proceso lleva tiempo y requiere más que nada del empeño y la constancia que dé para lograr pasar de sentirse inseguro con su educación, físico, habilidades a mejorar y sentirse más seguro en una zona de confort más amplia.
Recuerde que, como lo dijo Lao-Tsé hace varios siglos: “Un viaje de mil millas empieza con el primer paso”.
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