El despliegue geográfico y la dimensión de las redes telemáticas actuales, junto con la creciente complejidad de los equipamientos de telecomunicaciones, aumenta el atractivo de desarrollar e implementar sistemas de control y gestión distribuidos. Lo anterior, aunado a la creciente generalización de las redes de banda ancha de alta velocidad y el aumento constante de la potencia informática ha cambiado la gestión de la información y los servicios de información.
Recursos geográficamente distribuidos, tales como bancos de datos y superordenadores, están interconectados y son un recurso unificado y único que se puede utilizar en todo el mundo. Se observa una tendencia creciente a subcontratar tareas informáticas repetitivas o que consumen muchos recursos a proveedores de servicios, y está apareciendo un nuevo paradigma en el que se ofrecen servicios de capacidad informática.
El objetivo de los sistemas distribuidos es conectar a usuarios y recursos de manera transparente, abierta, rentable, fiable y adaptable. Los recursos físicos se pueden compartir, al igual que los virtuales, tales como sistemas operativos, tareas y aplicaciones.
En los sistemas distribuidos, los diferentes servidores colaboran para proporcionar la funcionalidad requerida del conjunto de la aplicación. Los objetos se ejecutan en servidores y por tanto procesos diferentes interactúan entre sí como si todos formaran parte de la misma aplicación. Para ello es necesaria la existencia de una plataforma que implemente los servicios básicos que se utilizan para que dos objetos en diferentes máquinas puedan interactuar, como servicios de comunicaciones, servicios de localización de objetos, etc.
Las plataformas más utilizadas son Corba de Omg, Dcom de Microsoft y Java de Sun Microsystems. Aunque presentan soluciones técnicas diferentes, el concepto que implementan es el mismo, proporcionar los servicios necesarios para comunicar objetos remotos de forma transparente al programador de las aplicaciones. Las aplicaciones construidas sobre estas plataformas no necesitan desarrollar estos servicios, sino simplemente utilizar los de las plataformas.
Desde luego, la utilización de estándares también favorece la conexión entre sistemas de diferentes operadoras, caso que se presenta en la actualidad con cierta frecuencia debido a los procesos de absorciones y adquisiciones entre operadoras, principalmente en mercados regionales.
La distribución de una aplicación entre varias máquinas tiene, entre otros, los siguientes objetivos:
—Aumentar la escalabilidad del sistema, en tanto, en un sistema monolítico, la única forma de crecer es disponer de un hardware más potente o modificar la aplicación. En un sistema distribuido se pueden utilizar, en principio, tantas máquinas como fuera necesario.
—Mejorar las prestaciones, ya que si un proceso es muy lento se puede ejecutar en otra máquina, permitiendo dedicar más recursos a los procesos críticos y también se pueden aplicar fácilmente mecanismos de distribución de carga.
—Mejorar la fiabilidad del sistema, ya que si los componentes están repartidos, el fallo de uno de ellos tiene un ámbito de afectación reducido.
Aunque las tecnologías de desarrollo de sistemas distribuidos facilitan enormemente la interconexión de sistemas, siempre hay que definir el modelo de información que se utilizará en las interfaces, para hacer posible la interpretación de la información a ambos lados de la misma. Por esto es importante la aplicación de modelos estándar, en la medida de lo posible, para evitar tener que llegar a acuerdos específicos y realizar los correspondientes desarrollos cada vez que se incorpore una nueva interfaz.
Organismos especializados como la Unión Internacional de Telecomunicaciones ha desarrollado recomendaciones entre ellas la X.900 y X.999, que suelen ser utilizadas como referencia en los acuerdos, aunque los operadores prefieren acuerdos más simples y sencillos de implementar que los que define la UIT-T. Ejemplos de estos son las interfaces MTNM (Multi Technology Network Management), para la gestión de redes JDS, ATM y WDM, y CaSMIM, para la gestión de servicios de conectividad.
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