Una mujer está sentada en una casa con su amiga predilecta. Saben que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean a la puerta. Esta dijo por fin seré feliz de nuevo, pero no sé si iré rumbo al cielo o al infierno, le dijo Esmeralda a Jacinta su amiga. Y que importa si de todas maneras ya en vida estamos muertas y además algún día vamos a morir físicamente, hoy en vida disfrutemos, ripostó Jacinta. Verdad, contestó Esmeralda. Anda abrí la puerta y no hay que arrepentirse de nada, pues hacerlo es peor que perder, inquirió Esmeralda. Abrieron la puerta y las cerraban una y otra vez, y disfrutaban sus vidas.
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