El brote de ébola ha creado una amenaza mortal adicional, según los expertos: los casos de malaria, neumonía, fiebre tifoidea y otras dolencias que no son tratadas porque los residentes de los países más afectados por el virus mortífero no pueden encontrar clínicas que laboren o temen ir a las que están abiertas.
Las pruebas de lo que la Organización Mundial de la Salud califica de emergencia dentro de la emergencia están a la vista en Guinea, Liberia y Sierra Leona, las naciones más golpeadas por el ébola.
Puede apreciarse en la declinación del número de niños vacunados para enfermedades prevenibles o también en la madre que recorre toda Monrovia, la capital de Liberia, en busca de una clínica abierta que trate a su hijita de 3 años con fiebre y vómitos, síntomas que pueden ser de ébola, pero también de muchas otras enfermedades.
También es evidente en el hospital de Kissidougou, Guinea, que no trata siquiera la décima parte de los enfermos que solía. También en el hospital en un suburbio de la capital de Sierra Leona, operado por la organización Emergency de asistencia médica, está repleto de pacientes porque los hospitales cercanos están cerrados o bien operan parcialmente.
Detrás de la crisis del ébola se oculta este asesino silencioso, afirmó Eric Talbert, director ejecutivo de la sucursal estadounidense de Emergency.
Ninguno de una decena de expertos pudo decir cuánta gente podría estar enferma o agonizando por la falta de atención médica. Aun en las épocas más propicias ha sido difícil llevar la cuenta de las enfermedades que plagan Guinea, Liberia y Sierra Leona, como malaria, neumonía, cólera y dolencias diarreicas.
Ahora los sistemas de salud de esos países, ya de por sí precarios, se han desplomado por la epidemia del ébola. En julio, solo la mitad de las instalaciones médicas en Liberia reportaban datos al Ministerio de Salud. Esto no significa que la otra mitad estuviese cerrada, sino que muchas al menos no estaban operando a pleno. Lo mismo sucedía en Sierra Leona.
En Guinea muchas instalaciones operaban en septiembre, pero aguardaban la llegada de enfermos. El hospital en Kissidougou, cerca de donde comenzó el brote del ébola, recibía de 12 a 15 enfermos diarios a fines de septiembre, en comparación con la cifra típica de 200 a 250, dijo el doctor Franco Pagnoni, que en ese entonces era el coordinador de campaña del ébola para la OMS allí. Si no le prestamos atención tendremos miles de muertes a causa del ébola, pero a la vez decenas de miles de muertes por otras enfermedades, advirtió. La OMS se limitó a decir que había un número elevado de muertes a causa de otras enfermedades.
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