“Vamos a usar (con los chinos) el mismo método de Pedrón Altamirano”, dijo un campesino de Nueva Guinea en la cabina de Radio Corporación, durante el programa que Fernando Centeno, un periodista de descendencia china, dirigía ese día. “El método es que cortaban la cabeza del gringo invasor y la ponían en estacas en las entradas de los pueblos”, explica Centeno después de acordarse de ese día.
El 19 de septiembre empezaron las protestas contra el Canal de Nicaragua y los pobladores de Tolesmayda y San Pedro Piche fueron los primeros en salir a las calles con mantas llenas de símbolos chinos y gritando al unísono: “No queremos chinos”.

En esa frase tan pequeña, usada para dejar claro que lucharán por sus tierras, indicaría que quieren que se vayan todos los chinos del país, aunque no sea esa la intención.
Fabio Lau es un historiador que se ha dedicado a buscar el origen de los chinos en Nicaragua desde sus primeros días. Es bajo, como el chino promedio, habla rápido y lleva una pila de folletos y libros para probar cada una de las cosas que dice durante la entrevista, mientras parpadea tres y cuatro veces al contar la historia.
Ya tiene 72 años, aunque no los aparenta y en cada palabra se siente orgulloso de su ascendencia, incluso, defiende al chino como una persona honesta y trabajadora que llegó a Nicaragua para generar empleos.
Se sienta en una mesa y pone todos sus folletos enfrente de él y habla de las ofensas que a veces se dicen en Nicaragua en contra de los chinos: “¡Hey chino, cochino”! Dice para luego agregar: “Y ve, el chino cochino le vino a dar empleo”.
Desde que empezaron las protestas en Rivas, el 19 de septiembre, la comunidad china en Nicaragua se ha sentido algo incómoda con las expresiones que se han extendido por municipios del Pacífico Sur de Nicaragua, principalmente en el departamento de Rivas, donde se repite esta consigna: “¿Qué es lo que quieren los campesinos? ¡Que se vayan los chinos!”
Pero a pesar que los rivenses están en contra de los chinos que llegaron a hacer el censo de sus propiedades y del mismo Wang Jing, sus expresiones generales provocan alguna molestia en Lau quien cree que se debe diferenciar muy bien contra quiénes se está protestando.
Alza un poco la voz, se le siente la molestia en el tono e interrumpe las preguntas: “Es que deberían diferenciar. Lo que pueden decir es, ‘nosotros no estamos de acuerdo, con el señor chino Wang Jing, que se lleve a su gente’. El resto de chinos nada tiene que ver”, continúa Lau, quien es descendiente de unos de los primeros chinos que llegaron a Nicaragua, allá por 1884.
Origen chino
En su libro, Chinos en Nicaragua , Lau cuenta, después de investigar con pruebas documentales y orales, cómo llegaron los chinos al país hace 130 años.
En 1884 según los primeros registros, los primeros ciudadanos chinos se ubicaron en la ciudad de Bluefields y en 1894 en el Pacífico.
Muchos de ellos traían dinero ahorrado para abrir establecimientos comerciales en las diferentes ciudades. El libro de Lau publicado este 2014 tras varias ediciones previas, determina que los chinos llegaron a situarse en las ciudades de Bluefields, San Juan del Norte, Rama, Managua, León, Chinandega, Corinto, Masaya, Boaco, Estelí, Matagalpa, Jinotega, San Carlos, Bonanza, Siuna y otras zonas.
Lau cuenta que no existen datos sobre cuántos chinos llegaron en 1884, pero en 1906 se realizó un censo que determinó que habían seis ciudadanos chinos en el país. Una cifra con la que el autor del libro no coincide, pues asegura que muchos tenían su situación irregular y por eso es posible que se hayan escondido de las cifras oficiales.
Llegaron en barcos con documentos legales, dice Lau, “no es cierto que venían en taburetes”, agrega. Eso le provoca molestia cada vez que lo escucha y es que, en la creencia popular, los inmigrantes venían en condiciones precarias. Los chinos no, según Lau, quien incluso muestra en una de las fotos de su libro uno de los barcos de aquel entonces en el que llegaron los inmigrantes.
Así, en 1920, un censo formal determinó que la cantidad de chinos era de 420 y que esa cifra subió a 610 en 1935.
Pero los primeros chinos no tenían muchos derechos en la Nicaragua de aquel entonces. En 1930 el presidente José María Moncada promulgó una ley que decía: “Queda prohibida la entrada al país de los individuos pertenecientes a las razas, chinas, turcas, árabe, siria, armenia, negra y gitana, cualquiera que sea la nacionalidad que los ampare”.
Las restricciones se hicieron para evitar una invasión de los ciudadanos de los países asiáticos a Nicaragua, además, agrega Lau, habían muchos temores a los chinos de aquel entonces, al punto que las personas decían que la “raza era mala”.
Esta ley tuvo vigencia hasta 1944 cuando fue reformada. Desde entonces los chinos han puesto en Nicaragua diferentes comercios y según Lau, hasta la cultura se ha transformado: “Aquí comemos mucho arroz por la influencia china”, dice.
Antes los chinos habían logrado poner cerca de 17 empresas, dice Lau, y generaron hasta 30 mil empleos en sus buenos tiempos. Todo eso se ha reducido y tienen tres maquiladoras y una textilera.
Ahora la comunidad china tiene más de 3,000 miembros y muchos de ellos ya son más nicaragüenses que chinos. Algunos se nacionalizaron, otros se casaron con nicas y las nuevas generaciones ya tienen esa mezcla nicaragüense y china.
El efecto de las protestas
Centeno va todas las mañanas a su programa de radio y deja la línea abierta para que los oyentes puedan expresar sus opiniones. Recibe llamadas de todo tipo y desde que empezaron a hablar de las protestas contra el Canal de Nicaragua, la cabina de la Radio Corporación se ha calentado con amenazas, señalamientos y quejas de quienes podrían ser afectados si algún día se construye un Canal.
“He tenido que cortar algunas llamadas”, confiesa Centeno, pues los campesinos de las comunidades de Rivas aprovechan el espacio para decir lo que se les antoje. Recuerda que en una ocasión, uno de esos campesinos dijo que “estamos dispuestos a defender nuestras propiedades con las armas” y prefirió no dejarlo hablar más para que el clima no se fuera a calentar en contra de la comunidad china en general.
“Hay preocupación (de la comunidad china)”, confiesa, pero asegura que desde el programa de radio tratan de mantener la calma para evitar que se puedan dar situaciones de violencia.
Sin embargo, para el sociólogo Cirilo Otero, es poco probable que los nicaragüenses vayan a actuar en contra de toda la comunidad china.
Otero está en Bonanza trabajando con algunas organizaciones, pero también ha estado realizando trabajos sobre el Canal de Nicaragua y el comportamiento de las protestas recientemente. Por eso dice que puede resumir su punto de vista en cinco aspectos que detalla, pero que destaca uno en particular: “A los chinos continentales no les importa lo que pasa porque aunque suban de tono las protestas, ellos saben que el Gobierno, con la Policía y el Ejército los tienen que proteger”.
Pero no está tan seguro si habrá más malestar entre los nicaragüenses que hoy protestan, pues asegura que el Gobierno está apostando a que esa gente se canse y deje las protestas para poder realizar la expropiación de las tierras sin ningún problema. “No ves que el Gobierno no se ha metido para nada”, señala.
Otero también da clases en Managua y le surge la duda sobre cualquier malestar en contra de los chinos en el país cuando escucha a sus alumnas hablar del tema. Cuenta que muchas ya están haciendo planes para casarse con algunos asiáticos aprovechando que vendrán muchos. “Dicen que se quieren ir a vivir con los japoneses, incluso”, cuenta.
Eso le provoca molestia, pues cree que mucha gente no se está tomando muy en serio el problema que podría venirse. Según él, podría haber una invasión laboral que perjudicará a muchos nicas. Y de eso muy pocos están hablando.
Pero no solo eso, no solo será una invasión laboral, sino también una cultural, advierte.
Los chinos de hoy
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El presidente de la Comunidad china nicaragüense, Ivan Quant, se siente preocupado por las expresiones de “xenofobia”, que se esperan en contra de los ciudadanos chinos con las protestas en contra del Canal Interoceánico.
Quant compara esa situación con lo que viven los nicaragüenses que viajan a Costa Rica y dice que “es feo”, escuchar que algunos se expresen mal de la gente de alguna raza.
Aunque también explica que todavía la situación no se ha salido de las manos, pueden crear campañas de concienciación para que las personas no lleguen a tener un conflicto directo con los chinos en el país.
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Actualmente la comunidad china está terminando la construcción de un nuevo centro chino nicaragüense donde enseñan mandarín a quienes estén interesados. Es una de sus grandes obras de las que Lau y Centeno hablan con orgullo.
Antes tenían un terreno ubicado en el centro de Managua, que se los confiscaron en los 80 y Alemán les compensó con uno en Carretera a Masaya.
Tan involucrados con Nicaragua han estado los chinos desde que llegaron a Nicaragua, que entre los hechos trágicos que recoge el libro de Lau, está la pérdida de edificio durante el terremoto de 1972. Durante ese trágico día, toda el área central de los mercados de Managua quedó destruida y ahí era donde se ubicaban la mayoría de las tiendas de los chinos en el país.
Lau dice que los chinos están en todas partes con sus empresas de chatarra, restaurantes y hasta destaca que son chinos los mayores accionistas de algunos hoteles de Managua. Todo eso a pesar del creciente malestar que actualmente hay en contra de ellos, al menos, en contra de los chinos que vinieron en representación de Wang Jing, quien no los representan según Lau.
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3,000 miembros tiene la comunidad china nicaragüense en el país.
1884 llegaron los primeros chinos a Nicaragua, según Fabio Lau.
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Y en medio de todas las protestas en contra del Canal, los chinos se preparan para celebrar su día nacional en Nicaragua. El 14 de octubre, en La Gaceta diario oficial, se publicó la Ley 772 que declara el 12 de noviembre como el día Nacional de la Etnia china en Nicaragua, una prueba más de que los chinos llegaron para quedarse.
Ver en la versión impresa las paginas: 8, 9, 10, 11


