China y su modelo de crecimiento

La economía china creció a una tasa promedio anual de 10 por ciento durante tres décadas consecutivas, empujando a más de 500 millones de personas por encima del umbral de la pobreza. Esto constituye ciertamente un logro que no puede ser menospreciado.

La economía china creció a una tasa promedio anual de 10 por ciento durante tres décadas consecutivas, empujando a más de 500 millones de personas por encima del umbral de la pobreza. Esto constituye ciertamente un logro que no puede ser menospreciado.

Estas tasas de crecimiento se explican ante todo por tasas de inversión extraordinariamente altas, que en la última década han alcanzado casi un 50 por ciento del Producto Interno Bruto.

Estos niveles de inversión excepcionales se vieron favorecidos por la subvención al costo del capital representada por tasas de interés artificialmente bajas y por el crédito canalizado por los grandes bancos estatales, de manera privilegiada, hacia las empresas estatales en sectores considerados estratégicos.

El acceso a capital abundante y barato explica que muchas de estas empresas se encuentren hoy entre las más grandes del mundo, en sectores altamente intensivos en capital, y que sean capaces de competir ventajosamente con las empresas de los países desarrollados. Las bajas tasas de interés han representado una enorme transferencia de ingresos hacia las empresas a costa de los hogares, que se ven forzados a mantener sus ahorros en depósitos bancarios remunerados a tasas reales nulas o negativas.

Este esquema, que ha supuesto un impuesto implícito sobre los hogares de un gran orden de magnitud —entre el cuatro y seis por ciento del PIB— ha permitido mantener bajo el costo del crédito y aún así garantizar la rentabilidad del sector bancario.

La otra gran ventaja competitiva de la economía ha estado representada por una oferta casi ilimitada de mano de obra barata, como resultado de la migración de cientos de millones de pobladores rurales hacia las ciudades. Por su parte el desplazamiento de millones de trabajadores desde la agricultura, el sector de menor productividad de la economía, hacia la industria manufacturera, un sector sujeto a rendimientos crecientes, ha permitido que la productividad media de la economía creciese a tasas muy altas.

El resultado de esta combinación ha sido que el crecimiento de los salarios reales ha estado por debajo de los incrementos de la productividad. El bajo costo del capital, la amplia disponibilidad de mano de obra barata y un tipo de cambio subvaluado —que ha significado un impuesto implícito adicional sobre los hogares— favorecieron un proceso acelerado de industrialización, que ha convertido a China en la mayor potencia manufacturera del mundo.

Por su parte, la excesiva dependencia en el sector manufacturero, intensivo en capital, en detrimento del sector servicios, se ha reflejado en el débil crecimiento relativo del empleo. Aunque la economía ha crecido un 10 por ciento el empleo solo lo hizo a una tasa promedio del 0.5 por ciento en el periodo 2001-2011. La débil creación de empleos, en conjunción con el reducido crecimiento de los salarios, se ha reflejado en la declinación de la participación de los salarios en el ingreso nacional.

Como consecuencia de ello, y de los pesados impuestos implícitos que soportan los hogares, el ingreso disponible y el consumo de estos ha crecido muy por debajo del crecimiento del PIB, dejando al mercado externo como principal salida del exceso de producción sobre los usos internos. China se ha convertido así en el mayor exportador mundial, principalmente de productos manufacturados.

El que los mercados externos desempeñen un papel tan importante ha creado un incentivo para mantener el tipo de cambio subvaluado. Finalmente, el proceso de industrialización y el desplazamiento de millones de personas desde las zonas rurales han dado lugar a un proceso de urbanización de gran envergadura que ha demandado una rápida expansión de la inversión en infraestructura urbana y el sector inmobiliario, que se convirtieron en otro motor del crecimiento.

Sin embargo, las principales fuentes del crecimiento de la economía china parecen haber arribado a un punto de inflexión.

(*) Economista – [email protected]

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COMENTARIOS

  1. ken
    Hace 12 años

    Si ese es el caso, pues bien venida la inversión China en Nicaragua. Vemos por un lado protestas demandando trabajos, etc., pero por otro lado nos oponemos al desarrollo con protestas contra el Gran Canal y sus subproyectos. Queremos empleos, queremos eliminar la pobreza, pero nos oponemos a los grandes proyectos de desarrollo que nos pueden poner a otro nivel superior como pais. Pobre Nicaragua!

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