En 1968 se inició el acceso a redes satelitales en América Latina, con la entrada en servicio de las estaciones terrenas que captaban y enviaban señales desde y hacia los satélites Intelsat III y IV. Nicaragua participó en Intelsat por medio de Nicatelsat que era la encargada de operar la estación terrena Nejapa, que entró en etapa de pruebas semanas antes del terremoto de 1972.
A partir de los setenta, cada país ha ido adquiriendo infraestructura y tecnología para explotar el segmento espacial asociado a los satélites que tienen cobertura en la región, de acuerdo con su particular grado de desarrollo y proyecto político interno. En los ochenta Nicaragua nuevamente a través de Nicatelsat obtuvo acceso a la red Intersputnik. Ambas estaciones se utilizaron para cursar tráfico telefónico internacional y eventos de televisión.
Hoy día América Latina es atendida por setenta y dos satélites geoestacionarios de telecomunicaciones y se espera que para finales del año 2017 este número se incremente a noventa y ocho según datos presentados en el XIII Congreso Latinoamericano de Satélites. A este número habría que agregar el satélite que el Instituto Nicaragüense de Telecomunicaciones y Correos ha anunciado su puesta en órbita para el mes de octubre del año 2016.
De acuerdo con Convergencia Latina, los gobiernos de la región destacan en la contratación de nuevos satélites, estando entre ellos el Tupac Katari de Bolivia; los Arsat 1, Arsat 2 y Arsat 3 de Argentina; el Venesat I (Simón Bolívar) y Miranda de Venezuela y el Satélite Geoestacionario de Defensa y Comunicaciones Estratégicas del Brasil.
Sin duda alguna el crecimiento de las necesidades de cobertura en regiones geográficamente aisladas y la prestación de nuevos servicios tales como el internet de banda ancha en las mismas, ha impulsado el mercado de las comunicaciones satelitales en la región. La nueva capacidad satelital cuenta con 885 transpondedores, 308 de ellos operarán en la banda Ka (26.5 a 40 GHz) y serán destinados en la mayoría para el acceso al internet de banda ancha. Lo anterior es sumamente importante en tanto los actuales satélites con 3,033 transpondedores cuentan con una capacidad mínima para este tipo de servicio.
El primer satélite con esa capacidad en América Latina fue el Amazonas 3 de Hispamar, subsidiaria de la española Hispasat en Brasil, que fue lanzado el 7 de febrero de 2013 y está situado en la posición orbital 61º Oeste. Construido por Space Systems/Loral y que reemplazará al satélite Amazonas 1 al final de su vida útil. Un salto considerable en la oferta de internet por satélite, se dará con la entrada en funcionamiento del Star One D1, de la empresa brasileña Embratel, subsidiaria de la mexicana América Móvil.
El Star One D1 está previsto que se lance en el primer trimestre de 2016 y tendrá capacidad para atender la demanda de datos, vídeo e internet de clientes corporativos y gubernamentales en toda la región. Con inversiones de 400 millones de dólares, el nuevo satélite empieza la cuarta generación de Star One, la familia D, con enfoque en la Banda Ka, con tecnología que posibilita el acceso al internet y servicios de banda ancha de bajo costo vía satélite.
El Star One D1 cuenta con transpondedores en las Bandas C, Ku y Ka, y asegurará la ampliación de la oferta de capacidad satelital en México, Sudamérica y Centroamérica. Su lanzamiento reforzará el liderazgo de Star One, dueña de la mayor flota de América Latina, con cinco satélites geoestacionarios y dos en órbita inclinada.
Otra operadora que pasará a ofrecer internet banda ancha en banda Ka en América Latina es la O3B Networks, que este año ha colocado cuatro satélites en la órbita terrestre media y planea colocar otros cuatro. Esta compañía, vinculada a multinacionales como Google y SES, ofrecerá internet por banda ancha a bajo precio en regiones aisladas.
Según datos de la consultora Fost&Sullivan, el mercado de satélites en América Latina el año pasado ascendió a 1,170 millones de dólares, impulsado por los servicios de televisión por suscripción y los de transmisión de datos.
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