Uno de los grandes retos que se impone Dorel Ramírez al diseñar sus obras es “explorar la identidad nacional sin repetir estilos historicistas ni caer en lo folclórico”. Luego los adapta a situaciones más contemporáneas que permitan satisfacer las necesidades y anhelos del dueño de la obra.
Este es un ritual que esta arquitecta con más de 17 años de experiencia repite en cada uno de sus diseños, pero en el proyecto La Casa del Mar, una casa de verano ubicada en las playas de Rivas, la combinación de estos elementos dio tan buenos resultados que ella por primera vez se animó a inscribirse en los premios Obras Cemex, que se realizan hace más de veinte años. El resultado fue aún más satisfactorio, La Casa obtuvo el tercer lugar en la categoría habitacional.
La edificación consta de seis espacios que confluyen formando “un conjunto armónico que permite aprovechar al máximo” la forma y dimensiones del terreno, la vista al mar, la ventilación natural y la iluminación solar.
Para Ramírez, los arquitectos tienen “la responsabilidad de contribuir a través de nuestro trabajo con enriquecer nuestra identidad cultural, el compromiso individual de cada agente que participa en la materialización de edificios, ciudades, pueblos y paisajes”.
Y añade: “Cada uno somos responsables en nuestro ámbito de influencia de repensar la arquitectura. Estamos obligados a recuperar una arquitectura sincera y con identidad propia, respetuosa del medioambiente y de la comunidad. Una arquitectura concebida para perdurar, que esté estrechamente relacionada con las tradiciones históricas, culturales y físicas (el clima y la geografía) de Nicaragua”.
Y precisamente en el proyecto de La Casa del Mar “se ha hecho un esfuerzo por interpretar y reflejar la identidad cultural y estilística nicaragüense, a través de la organización espacial centralizada, los anchos corredores, las vigas de madera expuestas y la exposición de materiales desnudos en su estado natural, explica la arquitecta.
HOMENAJE CONTEMPORÁNEO
“La Casa es un reflejo de la responsabilidad que tenemos los arquitectos de reinterpretar los elementos que la historia nos da para luego adaptarlos a situaciones más modernas, más contemporáneas aprovechando que ahora hay materiales que nos permiten hacer otras cosas”, dice Ramírez.
El jurado eligió entre las 22 participantes de la categoría habitacional a La Casa del Mar porque encontró en ella innovación y creatividad.
“Pero más que todo porque los arquitectos entraron en la mente del dueño, extrajeron las ideas que tenía y las materializaron a través de las diferentes soluciones y productos innovadores y construyeron una obra innovadora y sostenible”, afirma José Enrique Figueroa, gerente de soluciones al constructor de Cemex Nicaragua.
Ramírez destaca que toda obra arquitectónica es el reflejo de un trabajo en equipo que pretende resolver una problemática, ya sea económica, tecnológica, funcional o ambiental, por lo tanto el trabajo arquitectónico es que constante innovación.
“Cada proyecto presenta una complejidad diferente y a la vez cada uno presenta un sinnúmero de posibilidades y soluciones”, asegura.
La construcción de La Casa del Mar tomó un año y otra de sus características es la sostenibilidad con el medioambiente.
EL TRATAMIENTO DE LAS AGUAS
“El agua potable proviene de un pozo excavado en el lugar y se filtra a través de un sistema de rayos ultravioleta… Para efectos de decoración se usaron piedras y palmas de la zona para lograr que se sienta integrada en el contexto del lugar”, explica Ramírez.
Las aguas negras son tratadas con el proceso de lodos activados que metaboliza como nutrientes los contaminantes biológicos. “El agua que sale al final del proceso es apta para riego agrícola”.
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