Estados Unidos alertó ayer de “una crisis mundial urgente” por el ébola luego de la muerte de Thomas Eric Duncan, el liberiano que contrajo el virus en su país y murió en el hospital de Texas en el que estaba aislado desde el 28 de septiembre.
En Texas, un funcionario del condado de Dallas que estuvo en el apartamento en el que vivía Thomas Duncan días después de que ingresara en el hospital, fue hospitalizado ayer con síntomas del virus, aunque las autoridades informaron que el riesgo de que esté infectado es “mínimo”.
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“El ébola es una crisis mundial urgente que requiere una respuesta mundial urgente”, dijo el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, poco después de conocerse la muerte de Duncan. Kerry, en conferencia de prensa con su homólogo británico, Philip Hammond, subrayó la necesidad de colaborar internacionalmente con unidades de tratamiento, personal, equipos de telecomunicaciones e incineradores para combatir esta mortal enfermedad.
Los españoles, por su parte, trataban de entender cómo pudo contagiarse Teresa Romero, una auxiliar de enfermería, de 44 años, quien trató a dos misioneros españoles diagnosticados en África y repatriados a España, donde murieron.
Ayer dos médicos y un enfermero fueron hospitalizados por precaución. Además,
sindicatos y personal sanitario denunciaron una lista de fallos en la gestión de los enfermos del ébola, como la repatriación “improvisada” de los misioneros, poco entrenamiento del personal médico, equipo insuficiente e inadecuado y el uso imprudente de los residuos en España.
SE TOCÓ CARA CON GUANTES
Romero, la primera persona que se contagió fuera de África e internada en el hospital Carlos III en Madrid manifestó ayer “estoy un poquito mejor”, en entrevista telefónica con el diario El Mundo. Uno de los médicos que la atiende, Germán Ramírez, dijo a la prensa que Romero podía haberse contagiado al tocarse la cara con los guantes con los que trató a los enfermos.
La propia Romero consideró que el problema radicó en el traje de aislamiento: “Creo que el fallo está en quitarme el traje. Lo veo como el momento más crítico, en el que pudo pasar, pero no lo sé seguro”, dijo al diario El País.
Ayer, médicos y enfermeros se manifestaron frente a la clínica contra la gestión de los casos de ébola. La fiscalía de Madrid abrió diligencias para estudiar si pudo haber algún tipo de delito en este caso, informaron fuentes de la Fiscalía.
“Hay el miedo de no saber”, dijo Mar, una vecina de Alcorcón, donde unos equipos especiales entraron en la vivienda de Romero para desinfectarla y sacaron al perro, Excalibur, que fue sacrificado, lo que provocó reacciones airadas de grupos de defensores de los animales.
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