Todo lo hacen tan simple, que pareciera ser también muy fácil. Pero los Royals tienen tan alto nivel de precisión en sus ejecuciones, que es difícil no sentir admiración hacia su trabajo.
Sabemos que no batean jonrones (últimos con 95) , que no consiguen la publicidad que merecen y juegan en un mercado pequeño. Pero en lugar de quejarse, aprovechan bien lo que tienen.
Su plan parece muy sencillo: poner la bola en juego, robar bases, jugar una eficiente defensa y tener listo el bullpen. Además, han aprendido a crecerse en medio de la presión que ahoga a otros.
Y no es que los de Kansas City, sean más inteligentes que los demás. Es que sus limitados recursos, les han obligado a maximar lo que tienen, mientras consiguen crédito más allá de su casa.
Además de la madurez de valores cultivados en sus fincas como Erick Hosmer, Salvador Pérez o Mike Moustakas, adquirieron a James Shields, Jason Vargas y Jeremy Guthrie para su staff.
El ensamblaje de todo el equipo, definido por su gerente Dayton Moore y manejado por el timonel Ned Yost, permite que veamos a un equipo agresivo, aguerrido y muy combativo.
Kansas es curioso. No batea jonrones y tampoco recibe muchas bases, pero hace contacto con la bola, corre bien y sin temores, mientras su bullpen, recuerda a los “nasty boys” de Cincinnati.
Kelvin Herrera, Wade Davis y Greg Holland, han sido el mejor trío de relevistas este año. Y sin duda un pilar para acabar la hilera de 29 años sin ir a los playoffs.
Ahora viene un reto más duro: quitar del camino a los balanceados Orioles de Baltimore. No es fácil. Pero después de lo que han hecho, se ve que son capaces de todo.
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