Marvin Benard y Juan Muñoz son dos nombres familiares para los fanáticos nicaragüenses del beisbol. Benard jugó ocho años en las Grandes Ligas y terminó con una carrera de la cual puede sentirse orgullo, mientras que Muñoz estuvo cerca de las Mayores y además de jugar aquí con el Chinandega, se le recuerda por conectar un cuadrangular junto con Mark McGwire en un juego de spring training.
Benard y Muñoz tienen en común que crecieron en los Estados Unidos, pero una vez que se conoció de ellos, fueron tratados como a cualquier otro pelotero nicaragüense.
Ahora es el turno de Alex Blandino, nacido en los Estados Unidos, pero de padre nica, quien fue elegido por los Rojos de Cincinnati en la primera ronda del draft del beisbol universitario, lo que habla muy bien de su talento.
La destacada actuación de Blandino con la Universidad de Stanford llevó a los Rojos a tomarlo en su primera oportunidad y el artillero de raíces nicas respondió con una buena temporada en las Ligas Menores, que llevó a la prestigiosa publicación Baseball America, a nombrarlo el cuarto mejor prospecto de la Pioneer League.
Blandino arrancó este año en la Pioneer League, cuyo nivel es de novatos, y bateó para .309, con diez dobles, cuatro jonrones, veinte carreras anotadas y 16 impulsadas en 29 encuentros. Estas cifras le sirvieron para ganarse un ascenso al equipo de Dayton, de la Midwest League, categoría Clase A.
En Dayton, dos categorías encima del nivel que inició, el pinolero no tuvo el mismo impacto con el madero, aunque tampoco lució mal (.261, 4HR y 16CI en 34 juegos), pero quizá lo más importante es que fue movido de la tercera base al campo corto, bajo la tutela del antiguo torpedero de las Grandes Ligas, Dick Schoefield.
Con seis pies de estatura y considerado un bateador que puede desarrollar algo de poder, Blandino tiene las características de un jugador de alto perfil, muy por encima de las consideraciones que tuvieron en su momento Benard y Muñoz.
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