Con pasos lentos,
hábiles entre las lentejas de un eco
que se desprende desde arriba,
con la tarde asomada solamente
en el pequeño rosado del día
que baja su último peldaño
por caer en la noche
buscando las tiras amarillas de la luna
que por ahí quedaron todavía,
mientras espera
con un pedacito de pan
que le sobró.
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