Alex Salmond puede encontrar consuelo en la derrota en su referéndum: no logró el triunfo histórico, la independencia de Escocia, pero sí amplias concesiones de Londres.
El exfuncionario y execonomista del Royal Bank of Scotland tuvo, a los 59 años, el sueño de toda una vida al alcance, pero los escoceses prefirieron seguir en Reino Unido.
«Escocia ha decidido, por mayoría, no convertirse en este momento en un país independiente», dijo en su mensaje de aceptación de la derrota, este viernes en Edimburgo. «Acepto el veredicto de las urnas», sentenció, un poco antes de que el primer ministro británico, David Cameron, anunciase que inicia el proceso para ceder más poderes a Escocia, como había prometido si los escoceses votaban «no».
Puro producto escocés
Sus partidarios elogian su determinación y habilidad política. Sus opositores lo consideran arrogante, misógino, con una propensión a la grandilocuencia.
Sin embargo, los medios de comunicación británicos, a los que a menudo exaspera, coinciden en ver en él a uno de los políticos más talentosos de su generación.
Nacido en el último día de 1954 en un barrio de clase obrera de Linlithgow, cerca de Edimburgo, Alexander Elliot Anderson Salmond es un producto local puro, como lo demuestran su acento y su licenciatura, en economía e historia medieval de la prestigiosa Universidad de Saint Andrews.
Su suerte cambió en 1990, cuando este diputado por Banff y Buchan toma las riendas del Partido Nacional Escocés (SNP), entonces marginal. Lo convirtió en centrista, cuatro años antes de que Tony Blair hiciera de «la máquina laborista de perder» el glamuroso 'New Labour'.
David Torrance, autor de 'Salmond: against the odds' ('Salmond, contra todo pronóstico'), establece un paralelismo entre los dos escoceses, dos hombres más pragmáticos que dogmáticos. Para ellos, «lo que importa es lo que funciona.»
En 2000, el SNP registró un revés en las elecciones al Parlamento regional de Holyrood, recuperado por el gobierno de Blair en nombre de la descentralización. Alex Salmond dejó la dirección de su partido «para siempre». «He cambiado de opinión», dijo con aplomo cuatro años más tarde.
Elegido «primer ministro» regional en 2007, domina el heterogéneo SNP con puño de hierro. Deliberadamente provocador, recordó que su padre era un admirador del dictador soviético Joseph Stalin.
En 2011, el SNP logró finalmente la mayoría absoluta en el Parlamento escocés. Salmond, que reclutó para la causa al actor Sean Connery y cultiva su amistad con magnates como Rupert Murdoch y Donald Trump, exigió entonces un referéndum de autodeterminación. Y lo logró.
Anti-Westminster
Según sus colaboradores, tiene «un temperamento explosivo» y un sentido innato para dar con las palabras más hirientes y mordaces ¿Su chiste político favorito? «Hay más pandas gigantes (dos) en el zoo de Edimburgo que diputados conservadores por Escocia». De hecho, sólo uno sobrevivió al maremoto del SNP.
Salmond carga contra el «establishment» de Westminster, como se conoce al Parlamento británico y al mundillo político de Londres, pero niega cualquier sentimiento antibritánico. Aunque se sospecha que es republicano, se comprometió a mantener a la reina Isabel como soberana en caso de victoria del «sí» en el referendo.
Locuaz en público, no dice nada sobre su vida privada. Su esposa, Moira, 17 años mayor que él, rara vez aparece a su lado. La pareja no tiene hijos.
¿Sus pasiones? Ama las carreras de caballos y durante un tiempo hacía los pronósticos para un diario de Glasgow. Disfruta con el buen vino de Burdeos, el curry, y es un fanático del fútbol, del equipo Hearts, pero más del golf.
También le gusta cantar. Con predilección por 'Scots wha hae', que narra la victoria de los escoceses sobre los ingleses en la batalla de Bannockburn, hace 700 años.