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El mayor gremio de sindicalistas de Ecuador, el Frente Unitario de Trabajadores, convocó ayer a una protesta por la inminente eliminación de una serie de derechos y beneficios laborales, como el derecho de huelga, mientras indígenas, médicos y estudiantes rechazaban propuestas del Gobierno, como 17 enmiendas entre las que se incluye la reelección indefinida de las autoridades de elección popular, incluido el presidente, y otras que afectan en diversa magnitud sus respectivos sectores e intereses.
Miles de trabajadores, indígenas, estudiantes, médicos y de otros gremios caminaron desde el norte quiteño hacia la plaza de San Francisco, en pleno centro histórico, en donde recién empezaban los discursos de los dirigentes cuando se multiplicaron lo roces con la Policía, que utilizó abundantes gases lacrimógenos hasta desalojar a los miles de manifestantes concentrados allí.
El Gobierno a la misma hora convocó a un festival artístico, al frente del palacio de gobierno, donde también había miles de seguidores del régimen. El mandatario Rafael Correa, quien había calificado la protesta de los trabajadores como un intento de desestabilización, expresó que “hay una restauración conservadora con la complicidad de los dirigentes (sindicales)”, y sostuvo que “este es un plan piloto para ver si pueden iniciar en Ecuador lo mismo que hicieron en Venezuela”.
Cuestionó a los dirigentes sindicales su falta de acción en el pasado para lograr las ventajas que su gobierno les concedió, como un sueldo básico de 340 dólares.
Añadió que de inmediato su gobierno impulsará con fuerza una profunda reforma laboral.
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