El canciller de México, José Antonio Meade, dijo a LA PRENSA que la Cumbre Iberoamericana ha cambiado su “vocación”, en el sentido de que ahora su preocupación no se enfoca en los problemas políticos de la libertad y la democracia, sino en la cooperación, el fomento del progreso técnico, las relaciones comerciales y demás temas que tienen que ver con hacer dinero y promover el desarrollo material de nuestras sociedades.
El canciller Meade visitó la semana pasada al Gobierno de Nicaragua para promover la XXIV Cumbre Iberoamericana que se realizará en diciembre próximo en Veracruz, México, cuyo enfoque “estará en los temas de Cultura, Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación”, según informó LA PRENSA el pasado 11 de septiembre.
En realidad, de las 23 Cumbres Iberoamericanas que se han celebrado hasta ahora, solo en dos de ellas el enfoque central fue en los temas de la libertad y la democracia. Eso ocurrió primero en la VI Cumbre, celebrada en Viña del Mar en Santiago de Chile, en noviembre de 1996, cuando se aprobó una declaración titulada Los valores éticos de la Democracia ; y al año siguiente en Isla Margarita, Venezuela, cuando la Declaración de la VII Cumbre llevó el hermoso título Los valores éticos de la democracia .
Los objetivos generales de la Cumbre Iberoamericana (en la cual participan 25 países de América y Europa y uno de África, Guinea Ecuatorial, antigua colonia española) fueron establecidos en su primera reunión que se realizó en Guadalajara, México, en 1991. Y cabe recordar que entre esos objetivos no se mencionó específicamente el de la libertad y la democracia, aunque se dio como un hecho que los valores supremos de las naciones de Iberoamérica impregnan la vocación, los acuerdos y declaraciones de la Cumbre Iberoamericana.
Pero en todo caso, la declaración del canciller mexicano acerca de que la Cumbre Iberoamericana debe “cambiar de vocación” para que pueda continuar su vigencia, no debe tomar por sorpresa a nadie. La verdad es que desde hace algún tiempo el apego a la democracia y a los valores de libertad se han debilitado en los países que forman parte de la comunidad iberoamericana. Desde la irrupción del descontrolado caudillo autoritario de Venezuela, con Hugo Chávez en 1999, la Cumbre Iberoamericana comenzó a cambiar. Inclusive se llegó a hablar de su posible desaparición, después de la agria discusión en la XVII Cumbre, realizada en Santiago de Chile en noviembre del 2007, cuando el rey de España tuvo que mandar a callar a Chávez por su intemperancia política y su falta de respeto a gobernantes democráticos.
“Las contradicciones y rechazos violentos a la cultura democrática son el signo de la época y ganan terreno por doquier”, escribe Mario Vargas Llosa en su última columna titulada Las guerras del fin del mundo , publicada en el Diario LA PRENSA el domingo pasado. Esta es una penosa situación, sin duda, pero tenemos la certeza de que no es irrevocable, que más temprano que tarde se tendrá que revertir porque el espíritu de la libertad y por tanto de vida democrática está en la naturaleza humana.
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