AFP / EFE
América Latina y el Caribe aprobó con la mejor nota mundial el objetivo marcado por Naciones Unidas en la reducción del hambre, que pasó de afectar al 15.3 por ciento la población en 1990-1992, a un 6.1 por ciento en 2012-2014, según el Fondo para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
La reunión se celebrará en la capital de Perú del 13 al 16 de octubre y está considerada como el encuentro más importante del continente en materia de trabajo, que en esta ocasión se centrará en el desarrollo sostenible con empleo digno y productivo.
En la inauguración de la cumbre participará el presidente de Perú, Ollanta Humala, y el director general de la OIT, Guy Ryder. La cumbre convocará también a ministros de Trabajo y a otros delegados de los Gobiernos americanos, así como a los máximos representantes de organizaciones empresariales y sindicales de América Latina, el Caribe, Canadá y Estados Unidos.
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En menos de dos décadas, 31.5 millones de personas en la región dejaron atrás el hambre, gracias a las políticas sociales aplicadas por sus países. El objetivo ahora es lograr que los 37 millones de personas que en 2012 aún sufren subalimentación, superen el umbral.
En América Latina y el Caribe “hemos evolucionado a la baja con una velocidad mayor”, según Raúl Benítez, subdirector regional de la FAO para América Latina y el Caribe en la presentación del informe en Santiago. Las medidas más destacadas son los programas de desayuno y alimentación escolar, las ayudas a madres, y el apoyo de algunos gobiernos a la agricultura familiar, abriéndoles más mercados para sus productos.
La clave del éxito está en el compromiso político: “No nos hemos conformado con que crezcan con las economías y en creer que el crecimiento por sí solo soluciona el problema de la pobreza”, apuntó Benítez. En toda la región se encuentran políticas sociales “muy activas”, según la FAO, que están apuntando a reducir las diferencias.
Sin embargo, la cara del hambre en la región sigue siendo mayoritariamente la de una mujer rural e indígena. Entre los 37 millones que aún sufren hambre en América Latina, la mayoría se concentran en las zonas rurales, donde más de la mitad de la población se encuentra bajo la línea de pobreza y el treinta por ciento bajo la línea de indigencia. Hay además grandes diferencias de género.
“Las mujeres, a igual trabajo que varones, tienen menos remuneración”, señaló Benítez. Si bien los índices de pobreza han disminuido en la región, la proporción de mujeres pobres es mayor. También las poblaciones indígenas son especialmente afectadas. En algunos países, la inseguridad alimentaria afecta “hasta seis veces más” a los indígenas.
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