“Divide y vencerás”

Joaquín Absalón Pastora 


“Divide y vencerás” la frase insolente de Maquiavelo, transita por los caminos de la malignidad para que el Príncipe perdure en el poder, valiéndose de todos los medios. La afirmación influye en las ideas peyorativas de los políticos que buscan la atomización.

Basta con situarse en el patio criollo para comprobar la boga irrebatible de lo que tiene el significado de una sentencia, recurso que maldice a la unidad. En este caso “la unión no hace la fuerza”. Sus muros se derrumban vencidos. Es debilitada por la segmentación, porque fraccionando se logra la adición gloriosa de las victorias

Ansioso de ir al árbol privilegiado por la dotación de pulmones que le permiten respirar con holgura —el macizo de la unidad— en contradicción con los que muestran las ramas dispersas, noto que cuando se hace el intento de fortalecer su tronco, se mueven en sentido inverso para dar cada cepa la sensación de que estando dentro de su estructura se agitan pero dando la imagen de oponerse porque cada rama quiere ser cacique por capricho propio, por sobresalir en nombre de la individualidad. Ser cacique, una plaga terrible y epidémica. Una de las causas que la provocan es la vanidad, el afán de sobresalir, el trastorno incontenible del figureo ante las seductoras cámaras de televisión solamente para que esta muestre el rostro deseoso de trascender sin la compañía de ningún proyecto que enaltezca al arte de servir. Con esas arrogancias o con las de atacar a sus propios partícipes en el ideal de la integración, rompen los históricos principios.

La unidad verídica, creada por la sabiduría de la naturaleza es la que físicamente integra al ser humano. No incluida el alma porque esa es pieza invisible que flota en las aguas de la polémica. Esa es la razón por la cual el ser humano es individualista. La doctrina liberal precisamente desde sus orígenes se basa en la libertad del hombre. Traída esa característica al diseño colectivo, común de la política, el tema de la unidad en los principios se vuelve difícil de concretar cuando quiere ser aplicado en toda su dimensión. Y más cuando el credo se disuelve en la platea fragmentada que elige a su líder, “chineado” por grupillos.

En este momento se habla con reiteración de la unidad liberal. La trabajan el PLI y el PLC. Bienvenida sea y aplaudidos todos los esfuerzos que se hagan en nombre de su realidad. Satisface que sea empujada por las bases, por los simpatizantes, por los militantes rurales que ninguna o poca figuración tuvo cuando en el pasado los caudillos los pusieron en la marginalidad, de bulto para llenar las plazas pero no como autoridades en la mesa para firmar acuerdos con iniciativas propias.

Pero han surgido minorías que en nombre del propósito mismo se encargan de bloquearla al disparar un discurso político que contradictoriamente hiere a la esperanza, facilitando los deseos del príncipe de dividir para vencer, lo cual logra con solo otorgarles “la personalidad jurídica” convertida en un suspirado caramelo. Son los nuevos caciques empecinados en que el proceso se haga en nombre de ellos cuando los anteriores han dicho que no quieren ser obstáculo. Cierto o no, el futuro puede someterlos a la prueba de cumplir. Evidentemente el Consejo Supremo Electoral estaría listo para hacer la entrega de la prenda jurídica cuando corresponda. El autor es periodista

Opinión PLC PLI archivo

COMENTARIOS

  1. Diego Manuel Robles Luna
    Hace 12 años

    Joaquin, excelente exposicion critica….siempre eres democrata…

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