WASHINGTON/ AFP
Barack Obama podría obtener rápidamente la autorización del Congreso estadounidense para proveer armas a los rebeldes sirios, pero su estrategia global contra el Estado Islámico (EI) solo obtuvo un endeble consenso y los legisladores anunciaron prerrogativas constitucionales.
Muchos quieren creer que una autorización como esta será aprobada y que reforzará el poder presidencial, pero el Congreso, dividido entre una cámara con mayoría republicana y un senado demócrata, es impredecible.
Y los republicanos querrán evitar que esto parezca un voto de confianza hacia un presidente del que no dejan de deplorar la incapacidad y la pasividad en el escenario internacional.
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El Pentágono no puede tomar por sí solo la decisión de enviar equipamiento al Ejército Libre de Siria, o de formar a miles de sus combatientes. El ejecutivo necesita una autorización parlamentaria y Obama parecía haber convencido por lo menos a los dirigentes del Congreso, tanto republicanos como demócratas, de seguirlo.
Un voto positivo, tal vez el 16 de septiembre en la Cámara de Representantes, sería lógico porque republicanos y demócratas ya estuvieron de acuerdo tres veces en autorizar un plan de ayuda a los rebeldes, medidas que llevan meses esperando ser sometidas a votación.
IRAK 2.0
El debate ilustra el inmenso poder del Congreso en materia de defensa y política exterior frente a Obama. El ejecutivo se ha visto impedido de actuar reiteradas veces por los legisladores. Hace un año, el Congreso no aprobó el proyecto de ataques aéreos en Siria. El 25 de julio, los legisladores lanzaron una advertencia: con 370 votos a favor y 40 en contra, la Cámara aprobó una resolución no vinculante contra enviar tropas a Irak.
“Mis votantes están, y con razón, preocupados acerca de un Irak 2.0”, dijo el senador republicano Mark Kirk.
“No nos sobra tiempo cuando se trata de ataques aéreos en Irak contra el EIIL”, dijo el demócrata Chris Murphy. “Pero tenemos tiempo para conversar acerca de cómo será nuestra estrategia en la guerra civil siria”.
Los congresistas están casi todos de acuerdo con la necesidad de aniquilar a los yihadistas del EI, objetivo que comparte la mayoría de estadounidenses, según sondeos publicados por el Wall Street Journal y el Washington Post esta semana, tras la decapitación de los periodistas James Foley y Steven Sotloff. Pero pretenden limitar la magnitud y duración, de un conflicto que de lo contrario, podría durar varios años.
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