Tomado del Banco Mundial
Un caluroso día de junio, Gerónimo Carrasco tomó una de las decisiones más duras de su vida. Dijo “la lluvia no llega” y vendió sus dos vacas.
“No tengo agua ni comida para darles. Tengo que cambiarlas por alimento para mi familia”, explicó el campesino, dueño de una pequeña parcela en el municipio de San Nicolás, en Estelí, en el norte de Nicaragua.
Aquí la escasez de lluvia se vive en primera persona. Así como Carrasco, miles de pequeños agricultores centroamericanos se han visto obligados a deshacerse de bienes esenciales para su subsistencia ante el embate de una de las mayores sequías en casi medio siglo, que ha puesto al borde de la hambruna a unos dos millones de personas.
Campos amarillentos, hojas secas y tierra agrietada. En este paisaje desolado, solo un milagro puede hacer crecer los frijoles, la base de la alimentación de millones de centroamericanos.
Más de medio millón de familias padecen lo que los expertos llaman “inseguridad alimentaria” —es decir, escasez de alimentos— debido a las pérdidas en la agricultura y la ganadería. Según Oxfam, y cálculos de los gobiernos y organismos internacionales, unas 236 mil familias en Guatemala, 120 mil en Honduras, 100 mil en Nicaragua y 96 mil en El Salvador se encuentran ya en esta situación.
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En el país el ciclo agrícola comprende tres periodos de siembra: primera, postrera y apante. El retraso de la llegada del invierno en mayo pasado ocasionó la pérdida casi en su totalidad de la primera, donde se siembra principalmente productos para la agro exportación y de auto consumo.
El Gobierno de Nicaragua admitió que el país sufre la peor sequía desde 1976 y calificó de “dramática” la situación para los cultivos, animales y por ende las familias, principalmente del Corredor Seco.
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La historia de Gerónimo es similar a la de tantas otras familias que pasan por lo mismo en las grandes extensiones conocidas como “Corredores secos” de estos cuatro países. La severa sequía es consecuencia de una prolongada falta de lluvias: hubo 45 días sin precipitaciones entre julio y agosto, los primeros meses lluviosos del año.
La de este año, sin embargo, podría estar relacionada con el fenómeno de “El Niño”, según los entendidos. La falta de lluvias ocurre en el período más importante para la producción de maíz y frijol, y ocasiona pérdidas significativas en estos cultivos.
El panorama para los próximos meses no es nada alentador. Según los meteorólogos, el alivio tardará en llegar, ya que se mantienen las previsiones de lluvias irregulares hasta octubre.
GUATEMALA, EN EL OJO DEL SEQUÍA
Esta cruenta situación se agudiza en Guatemala donde la sequía se suma a dos años de malas cosechas (2012-2013), y al impacto de la reducción de empleo para jornaleros, ocasionada por la crisis de la roya del café.
La falta de lluvias ha impactado a más del 70% del territorio del país y la población afectada es parte del 54% más pobre, segmento que registra la mitad de la desnutrición crónica en niños menores de cinco años, según el Sesan (Secretaria de Seguridad Alimentaria y Nutricional).
Según Diego Arias, economista experto en temas agrícolas del Banco Mundial, más de un millón de hogares en Centroamérica, la mayoría de los Corredores Secos —que abarcan el 30% de la superficie de Centroamérica— viven de la agricultura de subsistencia y “es en estos hogares donde la sequía se convierte en desnutrición y en menores oportunidades para salir de la pobreza”.
De acuerdo con el experto, los gobiernos deben implementar una estrategia integral de manejo de riesgos agropecuarios. Esto implica, por un lado, actuar antes de que ocurran, con iniciativas como el acceso de semillas más resistentes, mejores prácticas agropecuarias, e inversión en sistemas de riego; por otra parte, hay que estructurar una mejor respuesta para dar alimentos y compensar los ingresos en los hogares más afectados.
Por último, y no menos importante, hay que transferir el riesgo catastrófico para poder contar con recursos suficientes en años de pérdidas extremas. “Se trata de adquirir coberturas financieras (una especia de seguros contra fenómenos climáticos) contra las sequías más severas que protejan a los más vulnerables”, dice Arias. “En países como Perú, México y Brasil ya existen estos mecanismos”.
ALTERNATIVAS PARA EL ISTMO
A pesar del estado de emergencia, de un tiempo a esta parte se asoman diversos esfuerzos para contrarrestar las consecuencias del cambio climático en la vida de los centroamericanos.
En Honduras, la Alianza para el Corredor Seco, una propuesta del Gobierno que reúne a varios donantes internacionales, entre ellos el Banco Mundial, tiene por objetivo capacitar a los productores de la zona en el cultivo de productos más diversos y en actividades de subsistencia distintas a la agricultura.
Por su parte, en Guatemala ya se han iniciado proyectos para que más de mil familias del Corredor Seco mejoren su productividad agrícola mediante el uso de sistemas agroforestales y de irrigación con agua de lluvia. Esta iniciativa les apoyará, además, a producir granos básicos amigables con el medioambiente y a menos costo.
Finalmente, El Salvador ha puesto en marcha un proyecto para ayudar a más de 2 mil pequeños productores agrícolas en la zona oriental a adaptar sus prácticas para hacerle frente a la sequía y a la inseguridad alimentaria causada por la volatilidad de los precios de los alimentos, de los insumos agrícolas (herramientas, semillas, fertilizantes) y de la energía (combustibles y electricidad).
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