A esa batería de los Ángeles,que ahora infunde temor entre sus oponentes e ilusiona a sus seguidores, Erasmo Ramírez la silenció el 1 de abril, en la primera apertura de una temporada en la que se pensó iba a establecerse.
Aquel día, Erasmo no reparó en un feroz line up que colocó en fila a Mike Trout, Albert Pujols, Josh Hamilton, David Freese, Howie Kendrick y Raúl Ibáñez. Simplemente los dominó y caminó con autoridad hacia un triunfo 8-3. El chavalo se graduará, pensamos.
En lugar de eso, vino una pesadilla. Ramírez tuvo cuatro aperturas horribles y en ese período, acumuló 0-3 y 8.47, mientras salía a palos ante Oakland (dos veces) Texas y Houston. Sumó 17 innings, con 27 hits, seis jonrones, 11 bases y 20 ponches.
Su descenso a Ligas Menores parecía más que merecido. Y quizás lo extraño, es que su brazo estaba bien, su mecánica ajustada y su velocidad zumbaba. “Mi problema debe estar en la mente”, reconoció Erasmo, mientras viajaba a Tacoma.
Y ciertamente, su confianza estaba agrietada. Volvió para trabajar con altos y bajos. Y a su inconsistencia, se sumó la desconfianza del mentor Lloyd McClendon, quien movido por prejuicios, no toleró titubeos de Ramírez y acentuó la dificultad. Ahí se grafica su campaña.
Este fue un año de muchas experiencias para Erasmo, las cuales seguramente lo van a ayudar a dar forma a su carácter, pero cada vez nos queda más claro que su futuro no está en Seattle. Él no socó cuando debía y el mánager le truncó su esfuerzo por salir a flote.
1-6 y 5.21 para Erasmo, es algo que no se previó ni en la más terrible pesadilla, pero ha sucedido. Ahora, a seguir trabajando y más duro.
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