La escolarización es un proceso complicado y que lleva un tiempo. Pero no solo entra dentro de este concepto el estudio, sino que la adaptación y la relación con otros es uno de los ingredientes esenciales en la receta para llegar a ser uno más en el “cole”.
Para cualquiera de nosotros es necesario sentir que pertenecemos a un grupo determinado y nos identificamos con ellos por las cosas que tenemos en común, y que son también lo que nos diferencia del resto. ”Quienes son capaces de hacer y mantener amigos y establecer relaciones sociales tienen muchas probabilidades de ser felices”, dice la psicóloga Rocío Ramos-Paul, Supernanny, en uno de los capítulos de su libro Niños: instrucciones de uso (Editorial Aguilar), que ha escrito junto con el también psicólogo Luis Torres, y que profundiza en la escolarización.
UN NUEVO ENTORNO
Las relaciones sociales son las que establecemos con las personas que nos rodean. Esto es algo inevitable, puesto que el ser humano es un ser social que tiene que interactuar con su entorno.
Es necesario que los padres de familia acompañen al niño en todo este proceso.
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1. La familia: es el agente socializador del niño, ya que depende de ella para la supervivencia y el desarrollo. Lo que le transmiten sus familiares va a determinar la imagen que tendrá de él mismo y su autoestima. “Al menos hasta que empiece a ir al colegio, la familia será la única institución que le transmita valores, normas y habilidades sociales”, apunta Rocío Ramos-Paul.
2. La escuela: ofrece las primeras experiencias fuera del ambiente doméstico para aprender a relacionarse. Además, le permite descubrir que existen otros iguales a él. En la escuela existen ciertas rutinas que, así como algunas normas sociales y de convivencia, el niño aprende y ha de respetar.
3. El grupo de iguales: son los individuos más o menos de la misma edad y con los mismos intereses que el niño. “Es en estos grupos donde el niño aprende a sentirse independiente y a cultivar sus relaciones”, comenta.
COMUNICACIÓN VERBAL
—Iniciar, mantener y finalizar conversaciones: el diálogo es un mecanismo esencial y un facilitador del aprendizaje y el desarrollo social. Las interacciones con los compañeros y con los adultos están basadas en la comunicación y esta a su vez se sustenta en la capacidad de iniciar, mantener y finalizar conversaciones.
—Defender nuestros derechos: en cualquier interacción social tenemos derechos asertivos o afirmativos, que son los que nos permiten expresar libremente nuestros sentimientos, emociones u opiniones.
—Respetar los derechos de los demás: al igual que los nuestros, también es necesario aprender a respetar los del resto.
—Aceptar y emitir críticas: transmitir una queja es una habilidad social fundamental, una forma de comunicar malestar por algo que ha ocurrido o que no nos gusta. Formular una crítica nos ayuda a eliminar o reducir la rabia que nos provoca un comportamiento, pero debe ser constructiva y ayudar al cambio. Además, tenemos que aceptar las que los demás nos hagan y saber afrontarlas.
—Hacer y aceptar cumplidos: emitir mensajes halagadores es efectivo a la hora de ganarse la simpatía de los demás.
—Decir que no: a veces es complicado decir no cuando realmente queremos decirlo y acabamos cediendo ante las demandas de los demás. De hecho, los niños que aprenden a rechazar peticiones de forma apropiada obtienen una mayor capacidad de control en sus relaciones sociales.
—Pedir favores: con cierta frecuencia nos encontramos ante situaciones en las que tenemos que pedir ayuda. Lo cierto es que, si nosotros hacemos favores, podemos aumentar las posibilidades de que los demás hagan lo mismo.
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