Lo primero que se antoja por una final entre Kei Nishikori y Marin Cilic en el Abierto de Estados Unidos es descalificarla por el discreto perfil de sus dos protagonistas.
Grave error. El duelo entre estos dos debutantes en la definición de un Grand Slam no tendrá el abolengo que dispensan los nombres de Rafael Nadal, Roger Federer, Novak Djokovic y Andy Murray, pero no deja de ser fascinante.
Con el quinto título que consiguen en el Abierto de Estados Unidos los Bryan completaron la centésima conquista como profesionales, dieciséis de ellas en torneos de Grand Slam.
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También marca el resquebrajamiento del monopolio que los “Cuatro Fantásticos” habían mantenido durante casi una década en las cuatro grandes citas de la temporada.
No es necesariamente el final de una era, sino una especie de reacomodo en la jerarquía del tenis masculino. Nadal, Djokovic y Murray, si las lesiones no se ceban con ellos, están en condiciones de seguir ganando títulos.
Pero los menos “ilustres” le han perdido el miedo a los de arriba, algo que empezó a germinarse con la consagración de Stan Wawrinka en el Abierto de Australia. También asoman Milos Raonic y Grigor Dimitrov, semifinalistas en Wimbledon.
La de hoy será una final de estilos contrastantes. Cilic, de 25 años, es un gigante croata que mide 1.98 metros (6.6 pies) cuyos tiros se asemejan a martillazos. Nishikori es el astuto japonés de 24 años, poseedor de un reportorio más variado.
También reflejará que el tenis es un deporte global.
“Estoy feliz de hacer historia”, afirmó Nishikori, el undécimo del ranking mundial y primer jugador asiático que disputa una final de Grand Slam.
“Será un día sensacional para ambos”, indicó Cilic, el 14 en el escalafón de la WTA y primer croata que alcanza esta instancia desde que su entrenador y compatriota Goran Ivanisevic se coronó en Wimbledon 2001.
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