- 2,700 muertos ha dejado el conflicto entre prorrusos y ucranianos, que inició en abril.
Viktor Kosobokov, de 72 años, quien consigue unos ingresos extra barriendo las calles de Donetsk, no quiere ningún alto al fuego. “No se puede hablar con este gobierno que ha destruido la mitad de Donbas (la región de Donetsk). Hay que continuar hasta que Kiev se dé cuenta de lo que hemos vivido”, afirma.
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MARIUPOL/ AFP
La calma parecía reinar ayer en el este de Ucrania después de que los rebeldes prorrusos y el Gobierno de Kiev acordaran un alto al fuego. Según periodistas, la situación era tranquila en Donetsk, el principal bastión rebelde y escenario de numerosos combates.
En Mariupol, una ciudad portuaria del mar de Azov con cerca de quinientos mil habitantes, la población es escéptica sobre el alto al fuego. “No nos lo creemos pero esperamos que sea verdad. Todavía no me creo que hayamos llegado a esta situación, ¡nos matamos entre hermanos!”, dijo antes del anuncio Elena, de 24 años, quien vive en un edificio al lado de un puesto de control.
En previsión de importantes combates, la guardia nacional ucraniana ha recomendado a los habitantes que estén listos para abandonar la ciudad.
Elena y su hermana gemela Iulia dicen estar preparadas. Y aunque no se quieren ir, Elena explica que de hacerlo “no iríamos hacia el oeste, nadie nos espera allí”. “Muchos ya se han ido. Solo quedan algunas familias. Fíjese en la gente que está intentando irse”, afirma por su parte Iulia, señalando a una familia dentro de un coche.
Según el alcalde de Mariupol, Iuri Jotlubei, la situación es “tensa pero estable” y desmiente una información de Interfax, según la cual un grupo de separatistas habría entrado con tanques en la ciudad. Según el portavoz del Consejo Nacional de Seguridad y de Defensa del gobierno ucraniano, Andrii Lysenko, esos bombardeos mataron a tres civiles, entre ellos dos niños.
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