Al borde de la pobreza

Estudio del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, indica que el 38% de la población en América Latina está en el limbo social de vulnerabilidad: personas que no pobres, pero tampoco ingresaron a la clase media.

Tomado de la BBC MUNDO

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Uruguay, Argentina, Chile y Costa Rica se mantienen en este orden como los países con mayor proporción de clase media, mientras que Nicaragua se encuentra al fondo de la tabla.

En el medio ha habido cambios significativos. República Dominicana descendió ocho posiciones, seguida de El Salvador y México (-4), Paraguay (-3) y Honduras y Guatemala (-1), mientras que Bolivia avanzó seis posiciones, seguido de Perú (5); Ecuador y Venezuela (3), Brasil (2), y Panamá y Colombia (1).

[/doap_box][doap_box title=»El futuro económico y la política fiscal» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) recortó este agosto su pronóstico de crecimiento anual para la región del 2.7 al 2.2%, una caída respecto a 2013.

Con esta caída del crecimiento se pone en peligro uno de los pilares de estos cambios pero, según el PNUD, el problema que enfrenta la región va más allá de la cuestión meramente económica.

“Las políticas sociales tuvieron un éxito indudable, pero ahora se necesita avanzar hacia núcleos más duros y resistentes de nuestra estructura económico-social como la política impositiva que es claramente regresiva”, señala Alfredo González, especialista en Pobreza y Desarrollo Humano del Departamento de América Latina del PNUD.

Dado que el estudio incluye a 18 países, equivale al 90 por ciento de la población total de América Latina, hay variaciones en el desempeño 2000-2012 que el PNUD enmarca en tres sectores:

Perú y Bolivia lideran a las naciones que más redujeron la pobreza. En Perú buena parte de los que abandonaron la pobreza pasaron a la clase media. Bolivia registró la mayor reducción de la pobreza, pero tuvo el mayor aumento de población vulnerable.

El segundo grupo no registra cambios en los niveles de pobreza, como Honduras y República Dominicana, o la pobreza aumentó, como Guatemala, con un crecimiento de casi 7 puntos.

El tercer grupo son países que al mismo tiempo redujeron la pobreza y la vulnerabilidad, como Argentina, Chile, Costa Rica y, en menor medida, Uruguay.

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El crecimiento de la última década permitió una reducción a casi la mitad de la pobreza en América Latina, pero creó también una población extremadamente vulnerable a la actual desaceleración económica regional.

El estudio más reciente sobre el tema del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que abarca a 18 países de la región, señala que el 38% de la población está en este limbo social de vulnerabilidad.

Se trata de unos 200 millones de personas que no son pobres, pero tampoco ingresaron a la clase media y corren peligro de perder sus conquistas de la última década.

“Hay dos noticias buenas y una mala”, afirma Alfredo González, especialista en Pobreza y Desarrollo Humano del Departamento de América Latina del PNUD. “Las buenas son el aumento de la clase media y la disminución de la pobreza. La mala es que aumentó el número de personas vulnerables a caer nuevamente en la pobreza. Hoy tenemos un amesetamiento de un modelo que se basó en el crecimiento económico, pero también en políticas focalizadas desde el Estado para combatir la pobreza”.

UN SOLO PELDAÑO

El estudio del PNUD se concentra en tres sectores definidos por sus ingresos: pobres, clase media y vulnerables.

La clase media (con ingresos entre 10 y 50 dólares diarios) creció en 82 millones de personas, pasando del 21% de la población en 2000 al 34% en 2012. Los pobres (ingresos de cuatro dólares o menos) disminuyeron en 16.4 puntos, del 41.7 al 25.3%: 56 millones salieron de la pobreza.

La parte vacía del vaso son los vulnerables que aumentaron 3.4%, del 34.4 al 37.8%, equivalente a unas 43 millones de personas. “Una proporción de las personas que abandonaron la pobreza pasó a formar parte de la clase media, que también se puede haber visto engrosada por sectores que estaban en una situación de vulnerabilidad y dieron el salto”, dice González.

“Pero durante esta década, para muchos el salto fue de un solo peldaño, de una situación de pobreza a otra de vulnerabilidad”, agrega.

LA ELUSIVA CLASE MEDIA

Una marca del desarrollo económico-social de un país o región es la densidad de la clase media. Durante décadas, el mantra sobre América Latina era que estaba dividida entre élites minoritarias con acceso a todos los factores de poder económico y político, y las grandes mayorías excluidas con una finísima capa en el medio conformada por una débil clase media.

Este panorama está cambiando. En 2000-2012 la clase media a nivel regional tuvo un incremento espectacular de más de 80 millones de personas. Pero la desaceleración económica regional aumenta el peligro de que ese universo pueda volver a la pobreza.

“Hay una clase media asentada durante generaciones que ha acumulado patrimonio heredable y ha tenido acceso a la salud y educación. Esta clase media tiene una solidez mucho mayor que los sectores que acaban de dar el salto desde la pobreza”, puntualiza González.

Según el especialista, la “nueva clase media” está mucho más expuesta a los avatares económicos o personales.

“Un cambio de viento económico o en las circunstancias personales como son los llamados gastos catastróficos, sea por enfermedad grave de un familiar o pérdida de trabajo, pueden obligar a la venta del coche o del departamento y a un brusco deterioro de su situación social”, añade.

El crecimiento económico de la llamada década dorada (2002-2012) ha sido clave para este nuevo panorama social.

De la mano del aumento de las materias primas y la demanda china, la región creció un 3.7 por ciento de promedio anual, cuatro veces más que en las dos décadas previas (1980-2000).

Al mismo tiempo se financiaron planes focalizados del Estado para combatir la pobreza.

Un ejemplo de estos planes son las transferencias condicionales en los que la ayuda económica depende de que la familia garantice la escolaridad y la atención sanitaria de los niños.

Estos planes permiten al mismo tiempo mejorar los ingresos de los pobres y allanar el camino para que una nueva generación crezca con mejor acceso a bienes sociales básicos, como la salud y la educación. El Plan Familias y el Jefes y Jefas de Hogar en la Argentina, el Bono Juancito Pinto y el Madre Niño-Niña en Bolivia, el Chile Solidario, el Familias en Acción en Colombia, el Bono de Desarrollo Humano en Ecuador y Oportunidades en México son algunos de los ejemplos de este tipo de ayuda focalizada y condicional.

“El tema es cómo moverse a partir de ahora, cómo lograr que esta población que salió de la pobreza pueda dar un nuevo salto como para afianzar su nueva situación social y dejar de pertenecer a este sector vulnerable dependiente de estas ayudas sociales”, indica González.

“Hemos entrado en otra etapa en la que para seguir avanzando habrá que tocar intereses específicos con el peligro de generar tensiones políticas. Ahora se viene lo más difícil”, concluye.

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