Arraigado en el corazón de la gente, Alexis Argüello murió con un lamento reflejado como un trueno en el cielo oscuro, pero dejó a un sucesor. Él no sabía que cinco años después de su muerte el espejo de su ser boxístico se vería de forma más esculpida, hasta el punto de la transfiguración. Sin saberlo empezó a crear a un púgil sin precedentes y con una historia que aún permanece con los libros abiertos. Lloraba en los entrenamientos. Se cansaba, pero no se rendía ante la vista de su profesor “El Flaco”.
“A vos te vamos a poner ‘Chocolatito’, porque sos hijo del ‘Chocolate’”, suscitó Argüello, con el olfato para oler rubíes dentro del polvo. Román era una perla oculta en la ostra que ganaba campeonatos amateurs por una canasta de granos básicos.
Como el réferi del combate fue seleccionado el canadiense Michael Griffin, mientras los jueces son de Estados Unidos: Steve Morrow, Burt Clemens y Fernando Barbosa, entretanto el supervisor será el mexicano Mauricio Sulaimán.
Según el preparador físico Wilmer Hernández, desde Japón a cinco horas del pesaje oficial, en la mañana del jueves (miércoles en Nicaragua), aún antes del cierre de nuestra edición, Román rondaba entre las 111 y 111 1/2, por debajo de la categoría mosca que es 112.
Se espera que el púgil nicaragüense suba al ring entre 120 y 125 libras, las cuales es lo común para que Román mantenga su velocidad sobre el cuadrilátero.
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Un tipo con un boxeo perfecto en toda la construcción de la palabra no podría ocasionar tanta belleza en el cuadrilátero y quedar impune; por eso nació con un ADN de pequinés, y sus 160 centímetros de altura lo sentenciarían de por vida a las categorías de juguetes, donde solamente Humberto “La Chiquita” González y Michael Carbajal han conseguido las tres codicias del boxeo: notoriedad, dinero y convertirse en estelarista de Ligas Mayores.
Acostumbrado a viajar en clase de turista, visita a sus rivales y les quita el orgullo, lo más valioso que es el título cuando lo tienen, o si no solamente les recuerda quién es el general del pelotón de cada categoría, como pasó con el japonés Yutaka Niida.
Román “Chocolatito” González tiene todo lo que su rival Akira Yaegashi desea: agilidad de brazos, diferentes tipos de golpe, combinaciones variadas, movimientos de piernas, defensa de muralla, y aunque Akira mantiene todo lo relacionado a su entrenamiento como un eclipse, en secretismo puro, Román muestra en vídeo tras vídeo con los binoculares abiertos su forma de ejercitar, sin temor.
Asustado por su caída ante Oscar Murillo en los inicios, se levantó para derribarlo siete veces y rectificar el error de exceso de confianza. González no olvida las enseñanzas de “El Flaco”. “Eran días tras días que teníamos que hacer las combinaciones de jab, gancho y cruzado. Ahora me siento orgulloso”, cuenta Román, el muchacho salido de los suburbios de la pobreza, encaminado al sendero de la beatificación con su invicto de 39 peleas sin derrotas, y como dice Matt McGrain, de Boxing.com, “un probable número uno del ranking mundial”.
El “Chocolatito” caminó sin prisa hasta saltar al profesionalismo, porque los rivales ya se hacían escasos, y mañana igualará a su mentor honorífico, “El Caballero del Ring” en títulos, solo que González seguirá sin derrotas, sin resbalones como un pontífice de los encordados. Román dijo: “Dios solo manda a un Alexis Argüello y nosotros seguimos sus pasos”, y un mes después de esta entrevista, en la conferencia de prensa del combate en Japón agregó: “Les puedo decir que noquearé a Yaegashi”.
En su habitación de Japón destila seguridad. Román está pletórico y quiere que todo el mundo lo sepa, los 185 rounds de guanteo, los cambios de ritmo con Eliezer Quezada, Melvin López, José “Torito” Pérez, Carlos “Chocorroncito” Buitrago, Marvin Solano y Henry Maldonado, fueron parte de la ruta a la tercera corona.
Román González cada vez que habla menciona el legado de Argüello, con decoro lo acepta y lo representa al máximo nivel. Dejó a un lado la parte de novela gótica de su mentor, quien no pudo ganar la gran guerra que es la vida, pero en su nombre lleva la bendición de “El Flaco”: “A vos te vamos a poner ‘Chocolatito’”.
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