Kenni Alegría se desliza con éxito en la intermedia. Su aporte fue clave a través de toda la temporada y también se hizo sentir en la Serie Final. LA PRENSA/MAYNOR VALENZUELA

“Pasión y valor”

Si ciertamente, la victoria no tiene fórmulas mágicas, sino más bien es, un asunto de perseverancia, Julio Sánchez sabe de qué se trata.

Julio Sánchez, cuatro veces  campeón nacional con los Indios del Bóer. LA PRENSA/Maynor Valenzuela

Si ciertamente, la victoria no tiene fórmulas mágicas, sino más bien es, un asunto de perseverancia, Julio Sánchez sabe de qué se trata.

Y quizá lo más importante es que Julio supo ir de un tropiezo a otro sin desesperarse, mientras trabajaba más duro para triunfar.

“Lo esencial era no desanimarse

y aprender de los errores. La verdad nunca me sentí más seguro de ganar que ahora”, afirma el mentor.

En el 2012, Sánchez y sus Indios parecían rumbo a remontada histórica. Cambiaron un 0-3 en un 3-3, pero Matagalpa los mató al final.

“En aquella Final (en 2012) perdimos por falta de un shortstop. Eso nos hizo mover a Edgard Montiel a otra posición”, explica Julio.

Pero en 2013, el Bóer volvió a caer, ahora ante la Costa Caribe, a pesar de que tenía al refuerzo Fausto Suárez en las paradas cortas.

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“Nosotros ya le teníamos tomadas las medidas a la Costa Caribe. Ya la habíamos estudiado. Sabíamos cómo se le lanzaría a cada bateador y se ejecutó bien”, dice Julio Sánchez, quien ganó su cuarto título con el Bóer, más que ningún otro mentor.

Seguro ya habrá tiempo para hacer los ajustes en defensiva, picheo y ataque a un Bóer que alcanza la cima por décima ocasión.

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“Con la Costa en aquella final, nos afectó la insistencia de un lanzador en utilizar un picheo que no era el apropiado, pero perdimos todos, somos un equipo”, aclara.

AHORA ERA EL MOMENTO

Sánchez recibió la victoria ahora, con la misma serenidad con que recibió la derrota hace un año, y se dedicó a elogiar a sus jugadores.

“Esta victoria es producto de la preparación que hicimos. Nosotros pensamos en un plan de 110 juegos y nos coronamos en el 106”, dice.

No obstante, Sánchez sabe que el entrenarse es solo una parte del asunto. En necesario mantener el enfoque y ejecutar con precisión.

“Además de prepararse, el equipo jugó con pasión y con carácter. Los chavalos tuvieron valor y no se dejaron llevar por la emoción. Se portaron como veteranos”, afirma.

Justamente esa mezcla de experiencia y juventud resultó clave para ganar. Los veteranos abrieron el camino y los chavalos siguieron.

“Siento especial agradecimiento por todo el equipo, tanto viejos como chavalos se agruparon y empujaron parejo al triunfo”, explicó.

No obstante no todo fue miel sobre hojuelas para Julio, quien lidió con situaciones difíciles, pero no dejó de mirar hacia la meta.

“Perdimos al mejor lanzador del equipo (Danilo Álvarez) y el que le seguía, Róger Marín, estuvo fuera por lesión durante un período, pero al que le tocó, respondió”, asegura.

Eso explica por qué en un momento Juan Serrano pasó del bullpen a la rotación o al revés. Y lo mismo sucedió con Braulio Silva.

“Tuvimos varias carencias. ¿Vos creés que no sé que Jass Vargas no es shortstop? Pero fue quien nos ayudó y nos llevó largo”, señala.

Sin embargo, Sánchez cree que una de las lecciones que le dejó el torneo es que tiene que trabajar ya para desarrollar un shortstop.

“Vamos a mejorar cada área, y aunque me gusta más ser entrenador, vamos a ver qué pasa conmigo en el equipo”, señaló Julio.

Ahora es momento de celebrar, pero Sánchez ya piensa en el 2015.

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