En Nicaragua, la persona que se mete a política lo hace generalmente porque tiene “chispa”, carisma y es “gente muy metida a pretender resolver problemas”, considera el analista político Alfonso Valle.
Sin embargo, agrega Valle, el político nicaragüense “no se prepara para ser político” y eso se evidencia en la Asamblea Nacional, donde algunos diputados “carecen de la cultura necesaria para ocupar esos cargos”, explica el analista.
Valle agrega que los partidos políticos utilizan como candidatos a personas con cierta popularidad para ganar votos, pero al final, cuando salen electos, solo sirven para levantar la mano pero no aportan nada al desarrollo del país.
“(Los políticos) han usado sus curules para enriquecimiento personal, eso ha sido una decepción, el pueblo se siente desprotegido. La mayoría (de los políticos) no tiene estatura moral”, señala el sacerdote.
Monseñor Fonseca agrega que él cree que los problemas del país en parte se deben a la mala calidad de los políticos que tiene Nicaragua. Les falta “calidad humana y moral”, finaliza el religioso.
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El exguerrillero sandinista Moisés Hassan indica que los cabecillas de los partidos políticos evitan integrar a “personas con ideas”, por quienes serán dóciles. “Ese es el resultado de la política al estilo antiguo”, dice.
Hassan añade que cuando la gente piensa en políticos se refiere únicamente a aquellos que tienen posibilidades de salir en los medios de comunicación, pero dentro de la auténtica oposición hay personas que realmente quieren hacer algo distinto y ayudar al desarrollo del país. “Cuando se habla de oposición y se piensa solamente en el PLI y en el PLC, se comete un error”, dice Hassan.
“EL PROBLEMA ESESTRUCTURAL”
El filósofo Alejandro Serrano Caldera asegura que el problema de la política en Nicaragua no está en el político en sí, sino en la manera de hacer política que desde hace mucho tiempo se practica en el país. “Claro que la influencia de un líder pesa, pero es un problema estructural que va más allá de las personas”, dice el también jurista y escritor.
Según Serrano Caldera, no ha existido entre los nicaragüenses la idea de que el poder está subordinado a las leyes y que las instituciones son “la causa y el cauce del poder” y que “el poder es lo que la ley dice que es y no lo que el poder por sí mismo se define”.
El jurista señala que la Constitución, en el artículo 183, establece: “Ningún Poder del Estado, organismo de gobierno o funcionario tendrá otra autoridad, facultad o jurisdicción que las que le confiere la Constitución Política y las leyes de la República”, con lo que quiere que decir todo político en el poder está subordinado a las leyes.
Serrano Caldera agrega que en Nicaragua tampoco “se ha asumido el concepto culturalmente adecuado de lo que es la política, el arte del bien común”.
“Hemos tenido la idea de la política como un ejercicio para obtener cuotas de poder y parte del poder, lo cual es parte del quehacer político, pero no es lo único”, finaliza Serrano Caldera.
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