Las realidades que vivimos con sequías, inundaciones, escasez, carestía y perspectivas de un Canal que vendría a crear empleo y prosperidad, me motivan a honrar el agua como el bien esencial para progresar. El agua es fundamento de nuestras vidas, de nuestra naturaleza y todo lo que el país produce depende del agua. Si aspiramos prosperidad sostenible, debemos tener agua sostenible mediante una cultura de conservación en la conciencia de todos.
Es tiempo de cambiar haciéndonos amigos de la naturaleza. El criterio de beneficio rápido con perjuicio a la naturaleza debemos sustituirlo por beneficio sostenible en armonía con la naturaleza. Practican pronta gratificación aquellos que despalan bosques para transgredir la frontera agrícola o comercializar madera, o contaminan las aguas sin ponderar que el daño al ambiente es mayor que el beneficio. Estas prácticas son causa de sequías, inundaciones que en forma lenta deterioran el ambiente creando escasez, carestía y pobreza. La cultura del agua, en cambio, persevera hacia abundancia, ahorro, mejor vida y un producto nacional sostenible.
Agua es el oro azul del siglo XXI. Países afortunados con agua tendrán oportunidades de prosperar ante la demanda mundial alimentaria. Somos el país de Centroamérica con más agua renovable pero su distribución territorial no nos ha favorecido. Tenemos grandes caudales en cuencas menos pobladas del Atlántico donde carecemos de infraestructura para desarrollo económico. En cambio, tenemos caudales escasos en áreas densamente pobladas, como son las cuencas del Pacífico y Cocibolca-Río San Juan que generan la mayor actividad económica y el mayor consumo de agua frente a la disponibilidad. Para construir un país fuerte, necesitamos ajustar este desbalance con nueva estrategia: i) conservar las cuencas Cocibolca-Río San Juan y Pacífico para hacer sostenible el recurso agua y fortalecer la producción alimentaria; y ii) desarrollar el Atlántico con infraestructura y asistencia técnica para usar aguas que ahora se van al mar.
Mientras la conservación y uso productivo del agua es la solución al progreso sustentable, el Canal sería fuente de progreso si demuestra su factibilidad, esto es, que no produzca daños al ecosistema nacional: agua, vegetación, fauna y humedades. Los daños serían devastadores y cualquier beneficio no justificaría el daño. Ante la excitación por el estudio del Canal, el agua como bien esencial juega un papel preponderante. El abastecimiento para tráfico de buques requiere revisión del balance hídrico en las cuencas del Río San Juan en donde el canal cruzaría el Cocibolca y la biosfera de Punta Gorda.
La cuenca Cocibolca-Río San Juan principia en las cumbres de Jinotega abarcando trece departamentos, incluso Managua, hasta terminar en Río San Juan. La vida del Cocibolca depende de una alimentación constante después de satisfacer el alto consumo en esos departamentos. Es así que el Cocibolca, regalo de la naturaleza, almacena agua que recibe de la cuenca para ofrecernos abundancia y progreso. Sin embargo, su vida se deteriora por tener la cuenca más deforestada donde ríos disminuyen su caudal, las aguas subterráneas son abatidas y escorrentías acumulan lodo en su lecho. Por esto, la definición clara del impacto ambiental de un canal en las cuencas del Cocibolca y biosfera Punta Gorda es vital para no afectar el desarrollo económico sostenible.
Así como el país es vulnerable a sequías e inundaciones también pudiera ser vulnerable a un posible Canal, si llegare a afectar los sectores productivos. El mayor riesgo es la pérdida del lago Cocibolca como fuente de agua que anularía las oportunidades de crecimiento agrícola cuando el bien agua también adquiera valor. La pérdida de este flujo de oportunidades para la nueva generación daría rendimientos adversos. Aunque es obvio el aumento de actividades que traería el Canal, han aflorado expectaciones al proyecto, como: presentaciones anticipadas a los estudios de factibilidad; el riesgo sísmico de la caldera y fallas debajo del lago; investigación de caudales, suelos y profundidades lacustres y marinas; e incertidumbres en familias afectadas.
Estas reflexiones promueven la cultura del agua y estimulan estudios que conserven sostenible el recurso agua. El autor fue Miembro del Banco Mundial, Ministro de Salud y Presidente de ENALUF