Hace nueve años inició la fase de Román “Chocolatito” González en el boxeo profesional. Con 18 años dejó a un lado las ideas prohibidas de jóvenes de su edad por el sacrificio de las cuerdas y se enfocó en crear una historia implacable. “Nunca imaginé que iba a estar en este lugar”, comenta mientras camina al podio de un tricampeonato mundial, al partir hoy hacia Japón.
Sudor, cansancio y ganas de permanecer como una estrella en el firmamento de las categorías pequeñas, se denotó en el último entrenamiento de Román en el gimnasio Róger Deshon, luego de terminar ocho rounds de guanteo contra Gerson Ortiz y Eliezer Quezada, para completar una desorbitada cifra de 163 rounds en total en los cuatro meses de intenso ajetreo por óptimas condiciones.
El plan que tiene Arnulfo Obando preparado para Román es más leve que el de Nicaragua. “Trabajaremos al suave para que baje sin problemas y haremos 12 rounds más de guanteo para que se mantenga en ritmo y nos enfocaremos en la agilidad”, explicó el mentor.
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A veinte días del pesaje oficial, Román bromea con el peso. Los hechos demuestran que la báscula se detuvo en las 119 libras, siete sobre la categoría oficial (112). “El plan era salir en 118, pero al final nos dimos cuenta que no era muy adecuado por el tiempo que falta”, aseguró González.
“Chocolatito” nunca fue visto como un capullo. Desde que empezó pareció haber nacido volando y con el augurio de ser un brillo de la pantalla. Supo que no se llega arriba por casualidad, en el deporte en el que muerden los cocodrilos y lo impredecible por un descuido se convierte en una opción.
“Sé que Akira Yaegashi tendrá toda el hambre de ganarme, pero estoy en un ciento por ciento seguro que traeré esa corona. Yo pienso que llegué a mi evolución completa y espero que vean al mejor Román por el ritmo incansable que tuve. No habrá nada de estudio, estoy preparado para tirar sin pausa”, indicó González al finalizar su última sesión de adiestramiento.
De aquel joven que noqueó en su primer combate y que tres años después asaltó con los puños a Yutaka Niida, todavía queda el nerviosismo común al subirse al ring, el fervor intacto por el boxeo y ahora la sensación de haber llegado a la cumbre de su carrera.
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