Fernando Silva
—Aquí sentate …
El otro retiró un poquito la silla
de la mesa y, se sentó arrastrándolo.
para delante la silla.
— qué te sirvo
— de todo —le dijo.
—¿Frijoles ?
—No; frijoles no.
—Ah vos sos de los que no les gustan
los frijoles
—No; simplemente no quiero ahora frijoles.
— qué , pues
—Dame arroz.
— y, qué más.
—Carnita de esa y ensaladita.
—¿No querés queso, también ?
—No.
—A vos no te gusta nada.
—¡Quién sabe ! —le contestó.
En eso entró al comedor doña Zoraida,
arreglada con un bonito vestido floreado.
—¿Llego a tiempo, todavía? — les preguntó.
—Sí —le dijo su marido, quien era el que convidaba a la comida.
—Vieras que a este no le gusta nada —le agregó, señalando al otro.
—Un momento —dijo el otro— eso de no gustarme nada no es cierto —y volvió a ver a doña Zoraida con malicia; y doña Zoraida se le puso a reír.
—¿Te gusta la Zoraida, tal vez ? —le preguntó enseguida bromeando. El otro se acomodó en su asiento y por debajo de la mesa, con el pie le tocó una pierna a doña Zoraida.
—Yo lo que había dicho era que a mí no me gustaban los frijoles, nada más —dijo.
El otro allí donde estaba en la mesa, acercó el plato suyo y tranquilamente empezó a comer.
(Managua. 6/7/2014)
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