Amalia Morales
Irinea Mejía, viuda y madre de víctimas de la matanza de El Carrizo, denunció que ha recibido amenazas de muerte tras la masacre del pasado 19 de julio contra una caravana sandinista.
“A mí no me lo han dicho, pero sí la demás gente dice que nosotros somos culpables. Dijeron que si a ellos le habían quitado uno a cinco de nosotros nos iban a venir a matar”, cuenta Mejía, de 66 años de edad, quien durante los sucesos sangrientos del 8 de noviembre de 2011, en la comunidad indígena de El Carrizo, San José de Cusmapa, perdió a su esposo y a dos hijos.
“Sí me preocupa porque me siento limpia. Yo le digo a mis hijos que si algo sucede, con tal me lo hagan a mí, con gusto me voy. Tengo mis manos limpias. No tengo ni una mancha. No he matado a nadie. Y mi familia le doy gracias a Dios que también está limpia porque me he parado firme”, dice Mejía, quien vive en El Carrizo y pasa gran parte de sus días en la iglesia de este comunidad en Madriz.
RESPETAR LA VIDA
“No quiero más muertes de nadie”, insiste la viuda, quien se enteró de la masacre del 19 de julio cuando estaba en La Jabonera, otra zona de Madriz.
Irinea ha sabido de que andan grupos de sandinistas “enojados” por la tragedia, pero ella insiste en que se tiene que respetar la vida.
Mejía, quien se declara sin color político desde siempre, dice que “se mira la diferencia” con que la justicia ha tratado los hechos del 19 de julio y los que ocurrieron el 8 de noviembre de 2011 en su comunidad, hasta donde llegó un grupo de partidarios sandinistas y acabaron con la vida de su esposo, José Mercedes Pérez, y dos de sus hijos, Elmer y Josué Zael.
Otro de sus hijos resultó gravemente herido. Sobrevivió y actualmente vive con ella. Los implicados en esa matanza recibieron penas de menos de tres años. Irinea Mejía ha apelado, pero no ha logrado nada.
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