Adolfo Acevedo Vogl (*)
Por lo general las historias milagrosas sobre el desempeño de nuestra economía hacen referencia al florecimiento de las oportunidades de negocios y al auge de la inversión. Pero una simple revisión de las cifras del Banco Central muestra que la Inversión Privada (nacional y extranjera) en 2013 era un treinta por ciento inferior a la que se registró en 2008 y que como porcentaje del PIB se derrumbó desde un 26 por ciento del PIB en 2008 hasta un 14.4 por ciento en 2013.
Por su parte las denominadas Exportaciones Netas (Exportaciones menos Importaciones) han venido haciendo una contribución negativa al PIB equivalente a entre el 20 y el 24 por ciento de este, y su contribución al crecimiento anual del mismo únicamente ocurre cuando esta contribución negativa se reduce. De hecho esta contribución negativa se ha reducido un tanto desde 2008, lo que cuenta como una (modesta) contribución positiva. En todo caso, el motor más importante del crecimiento de la economía, según las cifras, lo ha constituido el crecimiento del Gasto de Consumo —principalmente el consumo de las familias—, el cual ha mostrado una tasa de crecimiento superior al crecimiento del PIB.
¿Qué factores han impulsado este crecimiento tan importante del gasto o demanda de consumo, que ha impulsado el crecimiento del PIB? Las cifras indican que el consumo ha podido crecer más rápido que el PIB, porque el ingreso nacional bruto real disponible de los nicaragüenses ha crecido más rápido que el PIB. Ahora bien: ¿Por qué el ingreso nacional bruto disponible en manos de los nicaragüenses ha crecido más rápido que el valor de lo que producen? Cuando al PIB se le restan los pagos netos de factores al exterior —pagos de intereses de la deuda externa más remesas de utilidades al exterior y otros— se obtiene el Ingreso Nacional Bruto. Este ha sido sistemáticamente inferior al PIB, en alrededor de un tres por ciento.
Pero cuando a lo anterior se le suman las transferencias corrientes netas que el país recibe desde el exterior —por ejemplo las remesas familiares—, y el efecto de los términos del intercambio con el exterior, se obtiene el Ingreso Nacional Bruto Disponible… y entonces las cosas cambian. En efecto, en los últimos años las transferencias corrientes recibidas desde el exterior, y el efecto positivo de los términos de intercambio, han hecho que el Ingreso Nacional Bruto real disponible de los nicaragüenses haya sido cada vez mayor que el PIB, y crezca más rápido que este. Es así que el Ingreso Nacional Bruto disponible en manos de los nicaragüenses se expandió desde un 112 por ciento de PIB en 2006, a 117 por ciento en 2013.
Este crecimiento del ingreso bruto disponible es lo que ha permitido que el gasto de consumo crezca más rápido que el PIB y, dado que se trata de un ingreso cuyo incremento ha estado alimentado por factores externos, el mayor gasto de consumo alimentado por este actúa como un gasto autónomo, que impulsa el crecimiento de la economía.
Como usted puede ver, esta no es la historia de un crecimiento milagroso, ni siquiera sostenible: detrás del mismo se hayan factores en gran medida contingentes, que no dependen del control de las autoridades y, por tanto, estas no pueden atribuirse mérito alguno. La variable que podría contribuir a sostener el crecimiento a largo plazo, la tasa de inversión, se ha derrumbado. En vez que el gasto de consumo en bienes y servicios relativamente prescindibles haya crecido con moderación, con vistas a incrementar el ahorro y la inversión —como ha sucedido en el caso de los verdaderos “milagros de crecimiento”—, ha ocurrido lo contrario.
(*) Economista
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