Antimadrigal

“Sabes, me confesó Gutiérrez de Cetina, mientras se cubría la mitad del rostro para ocultar la cicatriz que le cruzó la cara: los ojos de la doña no eran claros ni serenos sino oscuros y enfadados. Además, tenían dueño”...

“Sabes, me confesó Gutiérrez de Cetina, mientras se cubría la mitad del rostro para ocultar la cicatriz que le cruzó la cara: los ojos de la doña no eran claros ni serenos sino oscuros y enfadados. Además, tenían dueño”…

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