Juan Vega Gonzales (*)
Según proyecciones científicas, en los próximos 35 años el mundo pasará de siete mil millones de habitantes a entre nueve y diez mil millones de personas. Este aumento requerirá que la producción de alimentos crezca en al menos un setenta por ciento.
No obstante, existen varias limitaciones que parecen indicar que se avecina una etapa de “hambre mundial” que generaría problemas geopolíticos y es muy probable que las guerras del futuro dejarían de ser por energía, como lo son hoy, y se enfocarían más en causas de falta de agua y alimentos.
El cambio climático está generando problemas cada vez mayores, por la variabilidad del clima que se manifiesta en mayores temperaturas y en períodos más inestables de sequías e inundaciones; lo que perjudica notablemente la producción de alimentos y encarece el precio de los mismos.
Los rendimientos han venido cayendo para la mayor parte de los productores rurales, debido a cambios climáticos; lo cual ha afectado a su vez sus frágiles economías familiares generando procesos de migración del campo a la ciudad. Tenemos un campo que está siendo paulatinamente abandonado.
Costumbres de quemar para la siembra, el avance de la frontera agrícola, la tala de árboles sin reforestar y la quema indiscriminada que hacen algunos cazadores locales para poder atrapar a sus presas, está generando una erosión cada vez mayor que agudiza más el cambio climático.
La estrategia de solución a este problema de falta de alimentos necesita de un enfoque integral, que parta de un adecuado entendimiento del problema y un compromiso público y privado de hacer algo efectivo para resolverlo.
Del lado empresarial será necesario trabajar en reducir la miopía de no invertir en actividades, desarrollo de capacidades directivas, gerenciales y técnicas, activos necesarios para la sostenibilidad de la empresa a largo plazo, considerando las necesidades de un mercado creciente y un clima adverso.
Del lado público el apoyo podría brindarse, entre otros, para sensibilizar sobre los efectos del cambio climático; cofinanciar parte de las actividades de desarrollo de capacidades, la vinculación a mercados y el acceso a conocimientos para generar una producción más limpia y de menor daño para el ambiente.
Cada persona es responsable de las decisiones que toma frente a los problemas y oportunidades que se avizoran en el horizonte; pero también será responsable de asumir las consecuencias de sus decisiones.
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