Comarca de Cuajachillo 1, Ciudad Sandino, municipio de Managua. LA PRENSA/ DOUGLAS LÓPEZ

Caseríos aislados por falta de buses

De vez en cuando una buseta amarilla que anda, “gracias a Dios”, entra al barrio Motastepe Norte, sus alrededores y a la comarca rural de Cuajachillo 1, en el municipio de Ciudad Sandino, a unos cuantos kilómetros de la capital, Managua. Fuera de eso no hay más transporte público colectivo y movilizarse es un dolor de cabeza, denuncian habitantes de la zona.

Amalia del Cid

De vez en cuando una buseta amarilla que anda, “gracias a Dios”, entra al barrio Motastepe Norte, sus alrededores y a la comarca rural de Cuajachillo 1, en el municipio de Ciudad Sandino, a unos cuantos kilómetros de la capital, Managua. Fuera de eso no hay más transporte público colectivo y movilizarse es un dolor de cabeza, denuncian habitantes de la zona.

A menudo los pobladores de Cuajachillo 1 deben caminar unos tres kilómetros desde sus casas hasta la carretera que comunica Ciudad Sandino con Managua. Esto porque no siempre encuentran “caponeras” o taxis disponibles. Y además, una carrera cuesta 10 o 20 córdobas por persona, un precio considerablemente alto para quienes tienen pocos ingresos.

Es el caso de Adilia Orochena, de 63 años. Ella trabaja como vendedora ambulante en el Mercado Oriental y viaja todos los días. Asegura que gasta más en pasaje que en el alquiler de la vivienda donde habita su familia. “Pago veinte para salir a la carretera y cinco en la ruta para ir a Managua. Es decir, cincuenta todos los días y a veces solo gano cien”, calcula. Sin embargo dice que a quienes van más adentro “les va peor, porque los taxis les cobran hasta cincuenta córdobas”.

Sin respuesta

El pasaje en la buseta cuesta tres córdobas. Lo malo es que “solo circula internamente, hacia Ciudad Sandino, y constantemente se descompone”, señala Fernando Jiménez, habitante del barrio Motastepe Norte.

Según él, desde 1997 se han hecho peticiones a los alcaldes del municipio para que desvíen una ruta hacia la zona, a fin de conectarla con Managua, “pero nadie hace caso”, a pesar de que la población afectada podría ser de varios miles de habitantes. “Más de diez mil”, estima Jiménez.

Mientras tanto, los ciudadanos buscan soluciones. Doña Adilia, por ejemplo, cree que solo le queda una salida: mudarse.

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