Mónica García
La semana pasada en Residencial Valle Dorado abrieron un par de cantinas al lado de la escuelita Párvulos. Esta situación, dicen los vecinos, es indignante y no debería ser permitida por la Policía Nacional, ni por la Alcaldía de Managua, ya que la ley prohíbe que billares, bares, cantinas y otros establecimientos de expendio de licor se establezcan a menos de cuatrocientos metros de distancia de escuelas, iglesias, hospitales, entre otros.
La comuna capitalina, dice Lola, tiene responsabilidad compartida en este tema y asegura que para que se detenga el funcionamiento de estos establecimientos, que muchas veces están ilegales, debe haber una denuncia fuerte por parte de la población. “Las autoridades estamos dispuestas a escuchar estas quejas, pero es necesario que se organicen los ciudadanos, recojan firmas, presenten pruebas y se preocupen por su localidad. Esto es más un problema de comunidad, que se puede resolver desde su seno”, indicó.
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Estos sitios en Residencial Valle Dorado abren temprano, de mañana, y cierran por la madrugada. “Aquí en Valle Dorado las dos cantinas se encuentran juntas y el problema que crean es que no tienen parqueos y entonces se estacionan en frente de las casas o garajes y cuando se les reclama salen furiosos de los bares e insultan a los vecinos. Se llama a la Policía y cuando llega no dice nada”, dijo una de las habitantes, quien solicitó se omitiera su nombre.
Pero este no es el único sitio en la capital con este problema. En las cercanías del parque Colonia Maestro Gabriel se encuentran varias licorerías y algunos prostíbulos. “Eso promueve la delincuencia en la zona. En las tardes, los fines de semana o días normales viene toda clase de ciudadanos, ya sea a tomar licor en frente de los niños o bien a drogarse con todo tipo de estupefacientes”, explica Cornelio Hook, quien pasa sus tardes en el parque disfrutando del tiempo gracias a su jubilación.
Asimismo en el Parque de Villa Don Bosco, cerca del Hospital del Niño, existe un bar en el que desde tempranas horas del día venden cervezas y licor. Doña Flor de María Méndez lleva a su hijo recién nacido para que “agarre aire” y observa cómo salen las personas ebrias, a veces hacen escándalo o se pelean frente a los pequeños, lo que le parece un problema serio a largo plazo, porque nadie le presta atención.
Los estudiantes son los que sufren con este tipo de establecimientos, porque en la Colonia Miguel Gutiérrez se encuentran dos bares a la salida del instituto de la localidad. Los vecinos denuncian que esto propicia que los adolescentes se inicien en el licor desde muy jóvenes e incluso puede ocasionar deserción escolar y delincuencia juvenil.
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