Roy Moncada
No se puede evitar que la tierra tiemble en diferentes intensidades y en cualquier momento, pero sí menguar los resultados catastróficos que pueden dejar de herencia los sismos en el país.
La clave está, además de tener buenas practicas de construcción, en innovar con nuevas metodologías como son los llamados aislamientos de bases. Esa es la recomendación del doctor Julio Miranda, quien nació en Nicaragua, pero que ha recibido gran parte de su formación académica en el exterior.
Este método consiste en que “el edificio se levante del suelo y entre el suelo y la fundación se proveen amortiguadores que son bien flexibles con la vibración horizontal y a la vez fuerte y rígido en la dirección vertical, de manera que si viene un temblor, el suelo se mueve rápido, pero ese vaivén no se transmite en su totalidad al edificio”, explicó Miranda, quien esta tarde presenta el libro Notas sobre dinámicas estructurales y control estructural basado en energía en la Universidad Centroamericana (UCA).
Por décadas el hábito en el plano ingenieril ha sido lograr edificios rígidos, pero, según Miranda, es necesario innovar para conseguir más seguridad a la hora de una actividad sísmica igual o mayor a la desatada en abril pasado.
En países como Chile, donde tiembla con frecuencia, se está adoptando la metodología de aislamiento de bases al momento de planificar construcciones; en Nicaragua todavía no se atreve a experimentar tal recomendación de Miranda que brinda seguridad.
COSTO VERSUS BENEFICIO DE LOS AISLAMIENTOS
Si se erige un edificio con los aislamientos de bases, los costos del presupuesto total aumentan cerca del dos por ciento, pero de ocurrir un terremoto, en el peor de los casos, los daños serán menores porque “se reduce a diez veces la fuerza” del sismo.
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