Gloria Picón
[/doap_box]
El Chipote es una cárcel que hace años debió ser cerrada, según informes de organismos pro derechos humanos, pero persiste hasta hoy bajo fuertes sospechas de que sigue siendo un centro de torturas.
Incluso, en la Asamblea Nacional está presentada una iniciativa para que en una ley se decrete el cierre de esa prisión y se declare como museo nacional y patrimonio histórico de la nación. Los diputados sandinistas, quienes son mayoría, no han permitido que la propuesta pase de la primera Secretaría.
Pablo Cuevas, asesor jurídico de la CPDH, recuerda que en el 2000 hubo campañas publicitarias para cerrar el lugar, pero no fueron escuchadas. “Pareciera que todos los que han llegado al poder, les ha gustado el lugar y se han acomodado, olvidándose de lo que el lugar significa para los nicaragüenses, aquí es de sobra conocido que los ciudadanos vemos ese lugar como un lugar de tortura”, dice Cuevas.
En los últimos días, cuatro detenidos por la masacre del 19 de julio, denunciaron el maltrato, amenazas y presiones en la Dirección de Auxilio Judicial que funciona en El Chipote. Según Luis Enrique González, a él le pedían que involucrara a una persona de nombre Leonel Poveda, de la localidad, y que aceptara que un día ellos planificaron la masacre.
Cueva afirma que las denuncias que en la CPDH reciben son sobre golpizas hasta perder el conocimiento, aislamiento e incluso choques eléctricos en los genitales. Situaciones similares han sido denunciadas en el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh).
Ver en la versión impresa las páginas: 6 A