En los primeros años de vida la relación más estrecha del niño es con la madre; pero poco a poco se va independizando y esa relación va perdiendo su significado primitivo mientras se va fortaleciendo la relación con su padre.
El amor materno representa el anhelo más profundo de todo ser humano, o sea ser amado sin condiciones y no por sus méritos, tanto siendo niños como adultos. Siendo niños la mayoría puede gozar del amor incondicional de la madre, pero de adultos este anhelo es más difícil de satisfacer.
La relación con el padre es diferente. El padre representa el mundo del pensamiento, de las cosas, de la ley, de la disciplina, de la aventura.
El padre debe ser paciente y tolerante, no autoritario ni amenazante; permitiéndole oportunamente a su hijo que sea su propia autoridad.
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