Los nuevos miembros del Salón de la Fama del Beisbol mostraron con orgullo sus placas conmemorativas. LA PRENSA/ Jim McIsaac/ Getty Images/ AFP

La entrada fue triunfal

Frank Thomas sollozó, Joe Torre ofreció disculpas por omitir nombres en su discurso y Tony La Russa reconoció que se sentía nervioso.

Frank Thomas sollozó, Joe Torre ofreció disculpas por omitir nombres en su discurso y Tony La Russa reconoció que se sentía nervioso.

El ser elevado al Salón de la Fama de Beisbol puede causar tales efectos, inclusive en figuras tan connotadas.

Thomas, los lanzadores Tom Glavine y Greg Maddux, así como los pilotos Bobby Cox, Torre y La Russa fueron consagrados ayer en el templo de los inmortales de las Grandes Ligas; todos rindieron un homenaje a sus familias ante una multitud de casi cincuenta mil admiradores.

[doap_box title=»Lleno de Bravos» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
La jornada de inducción al Salón de la Fama fue como un especial de reencuentro para la ciudad de Atlanta. Glavine, Maddux y Cox fueron parte integral de un sostenido ciclo de éxito de los Bravos. Salieron campeones de su división en 14 años seguidos y participaron en 15 playoffs, ganando el único título profesional de la ciudad en 1995.

“Me siento muy honrado de estar aquí frente a todos”, dijo Cox. “A Tom Glavine y Greg Maddux y al tercer miembro de nuestro gran tridente —John Smoltz — con toda honestidad diría que no podría estar aquí de pie si no fuera por ustedes”. Smoltz, que trabajó para la transimisón del evento y cuyo nombre estará en las papeletas el año próximo, sonrió ante el elogio.

[/doap_box]

“No tengo palabras. Gracias por tenerme en su club”, declaró Thomas, a quien embargó la emoción cuando recordó a su padre ya fallecido. “Señor Frank, sé que está viendo. Sé ciento por ciento que sin usted no estaría hoy aquí en Cooperstown. Usted siempre me guio, ‘puedes ser alguien especial si perseveras’. Guardé esas palabras en el corazón, papá”. “Mamá, te agradezco todo tu amor de madre y tu apoyo. Estoy consciente de que no fue fácil”.

Thomas, de 46 años, el primer jugador elegido al Salón de la Fama que fue bateador designado más de la mitad de su período como jugador, acumuló promedio de .301, 521 jonrones y 1,704 carreras impulsadas en su trayectoria de 19 años, en su mayoría con los Medias Blancas de Chicago.

Es el único pelotero en la historia de las Grandes Ligas que registró en siete temporadas consecutivas promedio de .300, veinte jonrones, cien impulsadas y cien bases por bolas.

Torre, como piloto y diplomático, tranquilizó al más exigente de los dueños, George Steinbrenner, y conservó la calma en medio de la locura del Bronx mientras contenía todos los egos después de asumir el timón del equipo en 1996.

La recompensa: diez títulos de división, seis banderines de la Liga Americana y cuatro triunfos de la Serie Mundial en 12 años, en los que restauró la imagen del equipo más triunfal del beisbol y la propia después de tres despidos.

Torre, el único piloto que acumula más de dos mil hits (2,342) y más de dos mil victorias como piloto, fue el último de los oradores; antes de terminar hizo una declaración familiar.

“El beisbol es el deporte para toda la vida. No es perfecto, pero se siente como si lo fuera”, declaró Torre, de 74 años, quien se disculpó después por haber omitido en su discurso a la familia Steinbrenner.

“Es algo incómodo porque yo fracasé como pelotero”, dijo La Russa, quien debutó en las mayores como infielder en sus años adolescentes con los Atléticos de Kansas City en 1963 y apenas tuvo acción en 132 juegos en seis temporadas al batear para .199 sin jonrones.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí