Génesis Hernández Núñez
“Este es el puesto de agua de la escuela”, dijo la profesora Karen Centeno, señalando un pequeño grifo blanco ubicado sobre una especie de adoquín. Lo abrió, pero no salió ni una gota de agua.
Todos los días, los 320 niños de preescolar y primaria que estudian en la única escuela de la comunidad El Paraíso, de Tipitapa se enfrentan con esa realidad.
“El agua es escasa y los niños la necesitan para lavarse las manos, para tomar, para regar”, explicó Centeno, maestra de primer grado.
Regar es necesario porque la zona es árida, las calles son de tierra, están en pésimo estado y se forman remolinos de polvo cada vez que el viento sopla.
“Pero si uno siembra árboles es de balde, en la escuela no hay un muro perimetral que los proteja, entran los caballos, los cabros y se siente feo, no es un ambiente sano para los niños. Si contáramos con el agua sería diferente, pero no hay y no es solo en la escuela, sino en toda la comunidad”, se lamentó Centeno.
Más de 2,500 personas habitan en El Paraíso, un nombre irónico para este sitio prácticamente abandonado que durante el día luce desierto, pues muchos de los habitantes salen a trabaja en albañilería, zonas francas o como vendedores ambulantes.
“Hubo un tiempo que venía la pipa todos los días, luego volvió a venir el agua, pero hace casi dos semanas que solo venían gotitas y desde hace como tres días no viene del todo”, contó Arelys López, pobladora del lugar.
Gerardo Pavón comentó que hace cinco años, los pobladores emprendieron un proyecto para llevar el agua potable a sus hogares, pero no funcionó, “hicimos una zanja bien honda y pusimos tubería como a dos metros de profundidad, pero ahí quedó porque era tan poca la presión que el agua no subía”.
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