Aun cuando ahora mismo se les ha reconocido, y seguro habrá más homenajes para los niños, serán los tiempos futuros los que ubicarán en su dimensión más precisa, el formidable trabajo de estos héroes, ganadores de oro en el beisbol panamericano.
Y no hablo solo de lo deportivo, que ya es bastante. Hablo del impacto que en la sociedad en general van a provocar estos chavalos, que además de escapar del conformismo habitual del nica, mostraron carácter, talento y compromiso sincero.
Estos niños valen oro. No llegaron a México para quejarse de la falta de condiciones y del tamaño de sus rivales. Se dedicaron a jugar con todas sus fuerzas y todo su corazón, hasta subir a la cima. Y cuando cayeron fueron capaces de levantarse y seguir.
Debo confesar que con el cuadrangular de Alex Boychuck en el séptimo inning temí lo que suele ocurrir con las Selecciones mayores: pelean fuerte, para al final hundirse ante rivales de colmillo, como nos ha pasado ante el mismo EE. UU.
Pero no. El bombazo de Boychuck sirvió para que también apreciáramos el carácter de estos chavalos, cuyo compromiso con sus papás y con su país, los hizo sacar fuerzas de donde no había y le dieron vuelta al marcador, para imponerse.
Estos chavalos se han volado la cerca. No les bastó el saberse ganadores de medalla plata, que hubiese sido también meritoria. Se lanzaron a la búsqueda del oro, material extraño por estos lados en el ámbito deportivo.
Lo esencial será darles el seguimiento correcto, pero mientras ese momento llega, apreciemos su carácter, su compromiso y la tremenda bofetada que le pegaron al conformismo nacional.
Ver en la versión impresa las páginas: 12 B