El alfabeto en clave mitológica

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Luis Sánchez Sancho

Se conoce muy bien que el alfabeto es el orden de las letras del lenguaje que una vez articuladas y compuestas armoniosamente, dan sentido a lo que hablamos y escribimos. O, como dice secamente el Diccionario de la Real Academia Española (RAE), es el “Conjunto de los símbolos empleados en un sistema de comunicación”.

Se sabe también que la palabra alfabeto procede del griego alfabeton, término que a su vez se deriva de las dos primeras griegas, alfa y beta. Sin embargo, según historiadores de los idiomas no fueron los griegos los que crearon el alfabeto, sino los fenicios, un pueblo de la antigüedad que poblaba una región del Oriente Cercano, donde ahora se encuentran Líbano y Túnez, el cual se distinguió por el impulso que le dio al comercio internacional en las dimensiones propias de aquella época.

Además, los griegos le atribuyeron al alfabeto un origen y significado mitológico, como solían hacer con todos los fenómenos de la naturaleza y expresiones de la vida social. Precisamente por eso fue que dejaron para la posteridad hermosas leyendas de toda clase, las que hasta ahora siguen admirando, ilustrando y educando a la gente del mundo occidental y gran parte del oriental.

Robert Graves, mitógrafo y mitólogo británico de renombre mundial, se refiere a la relación del origen del alfabeto con la mitología, en el primer tomo de su celebrada obra Los Mitos Griegos, capítulo 52, titulado precisamente El Alfabeto. Señala Graves que “Las tres Parcas o, según dicen algunos, Io, la hermana de Foroneo, inventaron las cinco vocales del primer alfabeto y las consonantes B y T; Palamedes, hijo de Nauplio, inventó las otras once consonantes, y Hermes redujo los sonidos a caracteres, utilizando formas cuneiformes porque las grullas vuelan formando cuña, y llevó el sistema de Grecia a Egipto. Este era el alfabeto pelasgo, que más tarde Cadmo llevó de vuelta a Beocia y que Evandro de Arcadia, un pelasgo, introdujo en Italia, donde su madre Carmenta formó los quince caracteres familiares del alfabeto latino”.

Para una mejor comprensión de lo que dice el mitólogo británico, tal vez sea necesario aclarar que las tres Parcas, también llamadas Moiras, son las diosas del destino, tres míticas hermanas hilanderas llamadas Cloto, Laquesis y Atropos, quienes presiden el nacimiento, el matrimonio y la muerte. Cloto, elabora el hilo de la vida; Laquesis, mide el largo o la extensión del hilo de la existencia de cada persona, o sea cuánto va a vivir; y Átropos corta el hilo vital con una tijera y por lo tanto es la que determina el momento de la muerte de cada quien.

Io, hija del dios río Inaco, es una sacerdotisa virgen de Hera, la hermana y esposa de Zeus, quien se enamora de la bella muchacha y después de poseerla la transforma en vaca, para protegerla de su celosa e iracunda mujer. Pero Io es atrapada por Hera quien hace que sea mordida por un tábano mientras está amarrada de los cuernos. Hasta que la infortunada Io logra huir hacia Egipto, donde Zeus, con sus besos, le devuelve la forma de mujer.

Palamedes es uno de los héroes griegos de la Guerra de Troya, personaje de extraordinario talento y sabiduría a quien se atribuye haber inventado la moneda, las medidas, los dados, los números y algunas letras del alfabeto primitivo.

Hermes, el dios mensajero, es una divinidad multifacética que igual protege las fronteras de los países y a los viajeros que las cruzan, como a los pastores, los oradores, la ingeniosidad y el comercio, así como también patrocina la astucia de los ladrones y de los mentirosos. Su animal emblemático es la grulla y como estas aves vuelan en forma de cuña, se le atribuye haber creado la escritura cuneiforme.

De Cadmo, jefe de una tribu de Canaán, en la antigua Fenicia, se dice que fundó la ciudad de Cadmea que posteriormente fue llamada Tebas, pero la de Grecia, no la de Egipto. A Cadmo se le atribuye haber introducido a Grecia el alfabeto que fue creado por los fenicios, así como el arte de fundir los metales y el arado.

Evandro es un hijo de Hermes y Carmenta, quien mata a su padre putativo, Équemo y al frente de un grupo de pelasgos (los pobladores de Grecia antes de los helenos) tiene que huir a Italia, donde, ilustrado por su madre introduce la escritura y las artes de su patria de origen.

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