Luego de volver a desplegar una velocidad alucinante y atrapar todo lo que se movía en el short, Everth Cabrera demostró que podía batear en Grandes Ligas y se abrió un espacio entre las estrellas de la Liga Nacional en 2013.
Así que se pensó que ciertamente su límite era el cielo. Incluso, cuando se le vinculó con el escándalo Biogénesis, la clínica acusada de proveer esteroides, nos pareció que tendría una motivación más para disipar conjeturas.
Es así como ha manejado las cosas Cabrera. Ha hecho de cada obstáculo una oportunidad para saltar más alto. De cada vaticinio negativo, una motivación para empujar más duro. De cada duda, un chance para convencer.
Sin embargo, en este 2014 las cosas se le fueron a pique. Se ha apagado sin gesto de rebeldía, ni arrebato ante la adversidad. Su vitalidad parece haber menguado, mientras sus cifras disminuían, sus acciones decaían y las dudas volvían a aflorar.
Para remate, se lastimó el tendón de la corva y su elemento, que es la velocidad, sufrió un bajón, como todo en sus estadísticas. Del .291 del año pasado a mitad de campaña, bajó a .218 ahora. De 34 robos, a 13. De .373 sobre las bases, a .256.
Uno espera que regrese pronto de la lista de lesionados (desde el 1 de julio) y tras un paso por las menores, lo veamos de vuelta con el afán de cerrar a todo vapor y dejar una mejor sensación.
Eso mismo esperamos de Wilton López, tras su cirugía en el codo, igual que Erasmo Ramírez, quien ha batallado con su control. Todos ellos son muchachos luchadores que atraviesan por pruebas duras en sus carreras.
Ojalá se recuperen pronto. Nos hemos quedado sin bigleaguers actualmente.
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