Lucía Navas
Desesperanza de los pobladores. Restos de animales en el camino que murieron de sed y hambre. Campos áridos. Y el clamor: “Nos vamos a morir de hambre”, este es el escenario en el municipio de San Francisco Libre, donde la sequía está hundiendo aún más a las familias en la pobreza.
Pero el alcalde José Ángel Velásquez dice reconocer lo grave de la situación. “Ya el efecto es grande, ya no hay pasto, muchas reses se nos han muerto y muchas otras enflaquecen. Pensamos que el daño será grande”.
Velásquez conformó una comisión de la Alcaldía y las asociaciones de productores para censar el número de productores afectados. Van a preparar un informe con propuestas de respuestas y presentarlo al Ministerio Agropecuario.
“Pensamos en un programa de recursos con modelo revolvente, porque no es pedir que nos regalen, el productor quiere trabajar”, dijo el alcalde.
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Faganic contabilizó hasta el domingo 13 de julio unas 2 mil 500 reses muertas en Somoto, Ocotal, Estelí, Palacagüina, La Paz Centro, León, Nueva Segovia, Totogalpa, Madriz y San Francisco Libre.
El ministro evadió decir cuánto dinero y el tipo de programa de atención por la sequía que el Gobierno solicitó al Banco Mundial.
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Situado en la zona costera del lago Xolotlán o de Managua, San Francisco Libre es de los diez municipios del corredor seco donde la Federación de Asociaciones Ganaderas de Nicaragua (Faganic) reporta grave riesgo de inseguridad alimentaria como consecuencia de la sequía. Ahí los campesinos no sembraron en el subciclo de primera, y aquellos que sí lo hicieron no verán brotar todas sus semillas porque la lluvia ha sido poca.
Consecuencia de la sequía, en municipios como San Francisco Libre con altos índices de pobreza y pobreza extrema, va empeorando la situación.
“No hay trabajo. A veces las mujeres para poder mantener a nuestros hijos vendemos enchiladas, repochetas, pero a veces se vende y a veces no”, lamenta Leila Solís, habitante de la comunidad San Roque.
Ella es de los 3 mil 967 habitantes del municipio que, de acuerdo con el Instituto Nacional de Información y Desarrollo (Inide), viven en extrema pobreza. El índice del municipio es del 34.4% de ciudadanos en extrema pobreza y del 37.2% son pobres.
El esposo de Leila por estos días se dedica a recolectar leña para vender, porque del plantío de maíz que sembró en dos manzanas de tierra no obtendrá nada. Las matas no crecieron por falta de lluvia.
“A veces mi marido se va a buscar garrobos para hacer una sopita. Necesitamos apoyo, que nos ayuden con algo porque nos vamos a morir de hambre”, dice esta mujer con la voz entrecortada por la desesperación.
Con el poco dinero que obtienen de la venta de comida y de la venta de leña apenas les alcanza para comprar algunos granos básicos, los que también se encarecieron. Una libra de arroz cuesta 13 córdobas y una de frijol rojo hasta 27 córdobas en San Francisco.
A Leila y a su esposo no les ajustó para comprar los útiles escolares y el uniforme para los tres hijos que viven con ellos, por eso a la niña de 13 años no la enviaron a la escuela. La pequeña iba a primer año de secundaria.
“Esto da tristeza”, lamenta.
LAS VACAS SE MUEREN
San Francisco Libre registra un censo de 14 mil 80 cabezas de ganado, pero decenas han muerto. Aquí son mil ganaderos, entre medianos y pequeños.
Las vacas que quedan están tan flacas que sus dueños prefieren no ordeñarlas para no perder a los terneros. “Eso de la sequía nos está exterminando los animales”, dice Aurelio Roja, dueño de 30 reses.
Una de sus vacas murió la semana pasada, pero ya ha perdido seis terneros. Don Aurelio teme que otras cinco reses se le mueran pronto si no logra alimentarlas lo suficiente.
Alquila espacios en las fincas arroceras donde hay algo de pasto y ahí lleva a sus animales a comer. Paga por cada uno seis córdobas diarios.
Aurelio compra además pacas de arroz y sorgo que usa de alimento suplementario para sus vacas. El productor se queja que muchos se están aprovechando de la situación que enfrentan incrementando los precios de las pacas.
“Comenzaron cobrando 35 córdobas por cada paca de arroz, y ahorita vale ochenta córdobas. Le han aumentado en un mes”, se queja. Don Aurelio tuvo que vender dos de sus toretes para cubrir el gasto del alimento de sus reses y el de su familia. “Me pagaron cinco mil pesos por cada uno, mal pagado”, afirma.
El productor también ha sembrado maíz, sorgo y maíz para el autoconsumo de su familia. Pero este año no pudo “porque no llovió”.
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